Unos ocho marines de la guardia galesa arrasaron el sábado a la noche el restaurante argentino La Vaca Loca, en la localidad turística española de Costa Teguise (Lanzarote), después de que el propietario del mismo los invitara a salir cuando advirtió que intentaban robarle una botella de vino.
Fuentes de la investigación indicaron que seis de los militares fueron apresados en el centro penitenciario de Tahíche, en Lanzarote, después de que el Juzgado de Primera Instancia e Instrucción número 4 de Arrecife ordenara su ingreso en prisión incondicional y sin fianza por el cobarde ataque.
Los hechos se desencadenaron cuando el dueño del restaurante, el argentino Hernán Martín Fondado, al percatarse que los soldados habían robado una botella de vino, los invitó a salir del local y los acompañó a la puerta.
“Cuando les dio la espalda se lanzaron contra él y lo machacaron cobardemente”, relató una testigo, cuyo esposo permanece hospitalizado con la cara desfigurada por los golpes recibidos por los soldados británicos. “Actuaban con estrategia”, describió: “Entre cuatro agarraban a un cliente, lo amasaban a golpes, lo tiraban al suelo y le machacaban la columna; eran máquinas de matar”.
Tres se dieron a la fuga. Los otros cinco fueron detenidos por la Guardia Civil, “a la que dieron golpes, dejaron llenos de escupitajos sus furgones y se burlaban de ellos diciéndoles que el cónsul los iba a sacar de inmediato”.
Volaron sillas, mesas, todas las vidrieras de cristal del restaurante, “con los clientes dentro, ancianos y niños, presas del pánico”. Un portavoz de la Guardia Civil confirmó que los cinco detenidos habían pasado ya a disposición judicial y añadió que son miembros de la Guardia galesa. Además de los cuatro heridos que necesitaron atención hospitalaria y todavía siguen internados, dos guardias sufrieron heridas leves.
No sólo golpearon a Fondado sino a otros clientes, revolearon mesas, sillas y platos. Rompieron vidrios, patearon puertas y paredes. La brutal pelea terminó con cuatro personas internadas, desfiguradas, por los golpes que recibieron. Una de ellas casi pierde un ojo.
Por su parte, Fondado, dijo estar más dolido por el daño causado a los clientes que a su propia espalda. “Es increíble que esta gente en lugar de venir a Lanzarote a disfrutar de las vacaciones, se emborrachen y se pongan a agredir”, se quejó. Asegura que hará todo lo posible para que los detenidos “no se salgan con la suya y no se vuelvan a su país como si no hubiera pasado nada”.




























