En el trayecto del idealismo al utopismo, aparece el fanático. El maniqueísmo se concibe desde sus orígenes como la fe definitiva, en tanto que pretende completar e invalidar a todas las demás. Esta forma de entender la realidad convierte a las religiones en una pulsión como parte de la condición humana. La razón es el instrumento intelectual que permite controlar esa pulsión y forjar la tolerancia. El Islam es una religión de Estado, como también otras religiones han sido instrumentos políticos y han ejercido el poder. El cristianismo medieval se confundió con el Estado durante un largo milenio europeo, y en su nombre se emprendieron conquistas militares y acciones de exterminio ("A Dios lo que es de Dios y al César lo que es del César", frase violada en las aberrantes acciones realizadas por los ejércitos cruzados, las conquistas evangelizadoras, las torturas y ejecuciones del Santo Oficio, connivencia con las peores tiranías y dictaduras). El común denominador de las religiones y la mitología es la búsqueda de un orden para convivir invocando un Dios, y para difundirla necesitan del miedo al castigo ante la desobediencia. Tras la muerte de Jesús, Pedro y Pablo comprendieron que sólo dentro del Imperio Romano el cristianismo podría sobrevivir y expandirse. Así Pablo en su epístola a los cristianos de Roma sentenció "que todas las almas se sometan a los soberanos, porque no hay poder que no venga de Dios". El patriarca de Constantinopla, Juan Crisóstomo aclaró que lo divino es la institución del poder y no del hombre que la detenta. El judaísmo y el posjudaísmo interpretaron en el Antiguo y Nuevo Testamento, la certeza de que el poder existe porque la naturaleza pecadora del hombre lo ha hecho necesario. Desde que los príncipes y emperadores pasaron a ser cristianos, la pregunta fue quién estaba por encima del poder la iglesia o viceversa. Tomás Moro era un espíritu sensible a la pobreza y desigualdad y paralelamente era un impiadoso frente a todo lo que consideraba enemigo de la Iglesia. También el judaísmo tiene ejemplos atroces de impiedad inquisidora como la que condenó a Baruch Spinoza. Ni hablar de las interpretaciones del Corán, que se nutren en los mitos judíos y cristianos (dictados anacrónicos escritos por gente inculta coinciden con el ángel Gabriel, una inundación similar a Noé, etc). La ferocidad existe agazapada en el lado oscuro de la condición humana, generalmente alentados en forma colectiva, y cuyo detonador es el miedo o la frustración de un grupo o pueblo, no importa cuál, raza o religión a la que pertenezca. La reacción grupal se caracteriza por el sacrificio de otro u otros en el altar de la salvación colectiva. Inicialmente se sacrificaba un niño o ser indefenso en un altar hasta "evolucionar" en la justificación de los linchamientos y atentados ante una horda enardecida.




























