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Sobre el caso Grassi y Lulú

Como abogado deseo conocer en qué pruebas contundentes (que no lo son la mera acusación o pericias psicológicas) se fundamenta el fallo condenatorio al padre Grassi para aventar las sospechas de que es un caso armado...

Lunes 30 de Septiembre de 2013

Como abogado deseo conocer en qué pruebas contundentes (que no lo son la mera acusación o pericias psicológicas) se fundamenta el fallo condenatorio al padre Grassi para aventar las sospechas de que es un caso armado por intereses ideológicos, de poder o económicos. Los medios no han informado sobre los fundamentos del fallo y ello alimenta el temor de que estemos ante otro tristemente caso Dreyfus o análogo a la inmortal novela “El proceso” de Kafka. Pese a que tengo un familiar muy cercano que es psicóloga, dado que la psicología no es una ciencia exacta como por sí lo es la física, ni tampoco tiene el rigor científico de la medicina, es que, reitero, no se deben aceptar dogmáticamente las pericias psicológicas aunque quienes la hicieron no estén contaminados por ideología extrañas u otros intereses. Creo que el mayor déficit que padece la Argentina es el sentido común. Por eso diariamente las noticias superan nuestra capacidad de asombro. Tenemos ahora el caso Luana o Lulú; según lo informado una familia tuvo dos mellizos varones, luego se divorciaron, los chicos tienen ahora seis años. Y según la madre uno de ellos apenas comenzó a hablar decía: “Yo nena, yo princesa” ( Lulú o Luana) luego quiso vestir ropa femenina y que lo llamasen con nombre femenino. En la actualidad (no se informa ni sobre el padre ni el hermanito), la madre pretende apoyándose en una forzada interpretación de la reciente ley de identidad de género que se modifique su documento de identidad y se lo considere legalmente como mujer o de sexo femenino; sin ningún estudio serio y trámite judicial alguno. Esta postura está avalada por la comunidad homosexual argentina, activistas trans, y ha sido aceptada por el gobierno de la provincia de Buenos Aires, sin mayor trámite, no obstante el inverosímil relato de la madre y la falta de discernimiento del chico. Sabiendo de casos de madres separadas que han recurrido a cualquier extremo manipulando a sus hijos para que éstos no quieran ver a sus padres, me pregunto si en este caso la madre frustrada por no tener una hija no está inventando un “relato” y manipulando a Lulú. En protección del auténtico interés y futuro de su chico habría que profundizar los estudios correspondientes. Pero el apresuramiento por complacer a la madre puede obedecer a que ciertos activistas ideológicos obtengan un nuevo trofeo con la complicidad de políticos y funcionarios irresponsables. Es aquí, en ciertas ideologías, donde veo la ligazón entre el caso Grassi y Lulú. Y resonantes casos de abortos, y recientes leyes tales como la de matrimonio igualitario, de identidad de género, intentos por despenalizar el aborto, de sustitución de vocablos tales como sexo por género, o tergiversación de derechos como el de identidad o adjudicando derechos a adoptar a los homosexuales, incluso asegurando financiamiento gratuito (ley de fecundación asistida, la cual además se despreocupa de los embriones sobrantes o embarazos múltiples, problemas de dicha técnica). Todo lo cual en resumen implica esfuerzos sistemáticos, a escala mundial, para paulatinamente despojarnos de nuestra auténtica condición humana, de nuestra cultura, de las sanas tradiciones, de la moral tradicional, de la familia natural y la armonización entre derecho y biología. En vez de debatir en profundidad estos temas y procurar soluciones para nuestros acuciantes problemas: inseguridad, inflación, pobreza, calidad educativa. Nuestros legisladores nos imponen esas leyes aprobadas casi a libro cerrado y los medios nos distraen con chimentos sobre la farándula y sus personajes o informan insuficientemente sobre estas delicadas cuestiones.

Raúl Miguel Ghione

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