La investigación por el crimen de Víctor Martín Oviedo, el recluso prófugo de la cárcel de Coronda ejecutado de cinco balazos la madrugada del jueves a un costado de la autopista Rosario-Córdoba, se encuentra sumida en un misterioso hermetismo y un marcado silencio por parte de los oficiales a cargo de la pesquisa. Hasta anoche todo hacía presumir que se trató de un ajuste de cuentas, habida cuenta de los antecedentes de la víctima. Pero ni la sección Homicidios de Jefatura ni la Justicia daban pistas ciertas sobre los autores del crimen o las circunstancias en las que el mismo se produjo. La excusa, por el momento, es que aún "no se terminaron de realizar las pericias" a las vainas encontradas en el lugar donde apareció el cadáver con cuatro tiros 9 milímetros en el tórax y uno en la cabeza.
Oviedo tenía 40 años y su cadáver apareció cerca de las 10.30 del jueves a un costado de la autopista Rosario-Córdoba, a unos 70 metros del segundo puente peatonal, en la continuación de calle Wilde. El recluso habitaba una precaria casilla en las inmediaciones de ese lugar, en el cruce de avenida Pellegrini y Chaparro. Para los pesquisas, el hombre fue asesinado en ese mismo lugar unas 16 horas antes del hallazgo ya que allí encontraron cuatro vainas calibre 9 milímetros.
Oviedo era conocido en el hampa local como Coco y en 2006 había sido condenado por una saga de robos a fincas rurales del Gran Rosario por lo que cumplía sentencia en la cárcel de Coronda. En enero pasado salió del penal con un permiso transitorio pero no regresó. A pesar de que sobre él pesaba un pedido de captura, la policía no volvió a tener noticias hasta el jueves, cuando se encontró su cadáver acribillado y muy cerca de la casilla en la que vivió simepre, lugar que había sido allanado en 2005 en el marco de la pesquisa por los robos que lo llevaron a prisión.
Allanamiento. Fue el 30 de julio de aquel año, cuando la policía arribó a la humilde vivienda de Pellegrini y Chaparro y apresó a Coco. Los uniformados secuestraron dos escopetas calibre 16 (una de ellas robada en una casa de Zavalla), cajas de balas calibre 12.70 y 22, cinco equipos de música, seis celulares, dos televisores, un reproductor de DVD, alhajas, ropa de cama, prendas de vestir, cámaras de fotos digitales, aspiradoras, planchas, pasacasetes, prismáticos y un revólver calibre 22 con el que en agosto de 2004 habían atacado al estanciero Jorge Bussi frente a su estancia de la ciudad entrerriana de Victoria (ver aparte).
En aquel momento, los voceros consultados estimaron en unos 500 los objetos de procedencia ilícita secuestrados en la casilla de Oviedo. También incautaron un Renault 19 y una moto Yamaha que Coco habría adquirido con dinero robado. "El detenido compró el auto una semana después de un robo cometido el 28 de abril en una finca rural", había señalado a este diario el entonces titular de la seccional 23ª, Pablo Pilotti.
Entonces, el jefe policial vinculó el atraco a una casa de Zavalla con otros ilícitos registrados en la zona rural de Funes, Pérez y Rosario. "En todos los casos actuó una banda de encapuchados que redujó a las familias y estuvo varias horas para concretar el asalto", explicó.
Una saga de robos. Respecto al atraco perpetrado en Zavalla, el 29 de julio de 2005, varios ladrones enmascarados ingresaron a una vivienda rural y durante cinco horas hostigaron a Elba Martínez y a sus hijos para que les entregaran 50 mil pesos que no tenían. Los maleantes no se fueron con las manos vacías: se llevaron 5 mil pesos, dos armas, electrodomésticos y una camioneta 4x4 que abandonaron en Arroyo Seco. Pero antes de escapar cenaron.
El otro golpe ocurrió el 28 de abril de ese año cuando cinco encapuchados irrumpieron armados en una casa de la zona rural de Pérez. Tras inmovilizar a una familia y revolver la casa durante dos horas, escaparon con 6.500 pesos, electrodomésticos, alhajas y ropa. Desaparecieron en una camioneta que luego abandonaron.
Un nuevo robo fue denunciado en la comisaría 23ª de Funes el 2 de febrero de 2005. Cinco ladrones con sus rostros cubiertos asaltaron a Ramón Herrera, de 68 años, y su esposa Mabel Perruchio, en su vivienda ubicada en el límite de Funes y Pérez. Se llevaron dinero, joyas, una pistola calibre 9 milímetros y electrodomésticos. En medio del atraco llegó la hija del matrimonio y como vio a extraños en el parque de la casa llamó a la policía. Cuando llegó una patrulla los maleantes escaparon a campo traviesa.
Finalmente, el 31 de julio del mismo año, se presentó en la comisaría de Funes otra víctima de la banda para reconocer los objetos sustraídos. Edgardo Lalik, de 43 años, denunció que un grupo de hombres habían irrumpido en su casa de Estudiante Aguilar al 8200, detrás del barrio Santa Lucía, y apoderado de cámaras fotográficas digitales, celulares, relojes, ropa, 600 dólares y 400 pesos.