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Seis presos se deslizaron enjabonados por un conducto y huyeron de prisión

Seis internos alojados en la cárcel de Coronda protagonizaron una increíble fuga el miércoles por la noche. Los hombres atravesaron un conducto de aire, por el cual se deslizaron enjabonados...

Viernes 03 de Enero de 2014

Seis internos alojados en la cárcel de Coronda protagonizaron una increíble fuga el miércoles por la noche. Los hombres atravesaron un conducto de aire, por el cual se deslizaron enjabonados, para desembocar finalmente en la calle, a la que llegaron a través de un portón que tenía un candado roto del lado externo. Al cierre de la edición ninguno de los fugitivos había sido localizado.

Los internos que consiguieron evadirse fueron rápidamente identificados tras el primer recuento. Se trata de Diego Segado, de 21 años, y Daniel Pereyra, de 32, los dos oriundos de Rosario. Pedro Aranzamendi, de 29 años y Diego Gauna, de 26, ambos de San Nicolás. Marcos Amaya, de 30 años, de San Lorenzo, y por último Antonio Schmitlein, de 32 y procedente de Casilda.

Schmitlein estaba detenido por falsificación de documentos y portación de arma de guerra mientras que los restantes por delitos contra la propiedad y robo calificado.

Los reclusos, de los cuales dos están en calidad de procesados y los otros cuatro condenados, se escabulleron al exterior entre las 21 y las 22 del miércoles. Y el hecho saltó a la luz ayer cuando las autoridades requisaron una celda y encontraron la bacha del lavabo desprendida del piso.

Desagüe. El secretario de Asuntos Penitenciarios del Ministerio de Seguridad, Pablo Cococcioni, reconstruyó la dinámica del hecho. "Los internos estaban fuera de las celdas y a la hora de ingresar los seis se metieron en uno de los calabozos, rompieron el desagüe y por un estrecho conducto, en el que tuvieron que deslizarse enjabonados, pudieron salir del pabellón. Lo hicieron por una pared lateral y a partir de allí llegaron a un portón. El candado externo de ese portón tuvo que haber sido roto lo que no fue advertido por agentes del Servicio Penitenciario", dijo el funcionario.

La maniobra de los reclusos fue descubierta por el centinela de la torre de vigilancia Nº 8. Según trascendió, este guardiacárcel pudo ver cómo un interno salía de uno de los "cubreductos" del pabellón 12 a un patio interno y luego volvía a ingresar. Inmediatamente se encendieron las alarmas en la cárcel. Los guardias realizaron un conteo de prisioneros y se percataron de la ausencia de seis de ellos. Luego, por una reconstrucción, pudo determinarse que los evadidos utilizaron distintas herramientas para colarse por el mencionado ducto, recorrieron unos 300 metros hasta la muralla perimetral del lado sur y forzaron la cerradura de uno de los pesados portones del paredón.

Los seis se encontraban alojados en este pabellón 12 y habrían salido de la celda por el conducto. De allí accedieron al corredor que conduce a un portón al sur del complejo. Una vez allí llegaron a una de las salidas, entre las torres 9 y 10, a la que abrieron tras forzar el candado, que aparentemente ya estaba deteriorado, para ganar la calle a través de un loteo vecino. El recorrido de la fuga lograron atravesarlo sin contratiempos y no se activó alarma alguna.

Dudas. La facilidad con que en menos de una hora los internos salieron de la cárcel es un interrogante que interpela a las autoridades del gobierno santafesino. La otra duda es cómo accedieron a las herramientas que usaron para violentar los mecanismos de cierre de algunas de las puertas que atravesaron. En la cárcel no puede entrar ni salir nada que las autoridades penitenciarias del lugar no controlen. La rigurosidad de estos registros, se supone, permite evitar tráficos no sólo de estupefacientes sino de armas.

Las herramientas usadas para abrir candados de ciertas dimensiones tienen algunas cualidades que las hacen extraordinarias: suelen ser pesadas y de tamaños importantes tales como son las barretas de hierro o los alicates industriales, lo que dificultaría notoriamente tanto su ingreso a la cárcel como su escondite dentro. Además se percibía a últimas horas de ayer el dolor de cabeza que significa para el Ministerio de Seguridad no haber dado con los evadidos casi 24 horas después. Una acumulación de horas sin novedades que hacía presumir que ya no se encontrarían en Coronda y que pudieron haber contado con ayuda externa para alejarse.

Esta última hipótesis agregaba mayor inquietud al complicado hecho porque significaría que se trató de un escape planificado, con inteligencia y cómplices.

En este sentido el mismo Cococcioni, consideró fundamental hallar a los evadidos. Además reconoció que, "ahora que pasó el momento de conmoción, se debe observar un poco cómo estamos trabajando para evaluar la posibilidad de modificar protocolos". El custodio de la garita de esa zona fue puesto en disponibilidad.

Cerca de la medianoche, las autoridades de la institución dieron aviso a la Central del Comando Radioeléctrico de la Unidad Regional XV. Minutos más tarde, efectivos de las distintas agrupaciones policiales desplegaron en toda la zona un operativo cerrojo para tratar de recapturar a los evadidos.

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