En el año 1874 se habilitaron las obras de saneamiento en la ciudad de Buenos Aires, y en Rosario lo fueron en 1892. Gabriel Carrasco, quien fue intendente de Rosario, realizó un estudio denominado "Los progresos demográficos y sanitarios de la ciudad de Rosario en el período 1887/1906" y lo presentó en el Tercer Congreso Médico Latinoamericano realizado en Montevideo. Las conclusiones relevantes refieren que Buenos Aires y Rosario, que habían sufrido grandes epidemias por enfermedades de origen hídrico, se originaban en la carencia de servicios sanitarios. Carrasco observa que los índices de mortalidad disminuyen cuando comienzan a funcionar las obras de desagües cloacales y en 20 años los casos de mortalidad disminuyeron del 42 al 22 por mil. Carrasco concluye en que "las obras de saneamiento realizadas en esos últimos 20 años han salvado a la mitad de las personas que hubieran muerto de no haberse ejecutado las mismas". La investigación de Carrasco constituyó una de las bases para que las autoridades nacionales proyectaran y ejecutaran el primer y único plan de saneamiento desarrollado en la Argentina. Es así que en el año 1905 se sancionó la ley 3.967 que ordenó construir "obras de salubridad" en todas las capitales de provincia, asignando los recursos económicos para su ejecución: el 50 por ciento de los beneficios de la Lotería Nacional y el resto financiado con "bonos de salubridad" que gozaban de una renta del 6 por ciento anual. En 1914, el político santafesino Marcial Candioti impulsó la ley que lleva su nombre y que hizo efectivo el saneamiento urbano al resto de las ciudades del país con más de 8.000 habitantes. Todas las obras ejecutadas en esa década cumplieron o están próximas a cumplir su centenario con grandes beneficios para la salud de la población. Argentina se constituyó en un país líder en el desarrollo del saneamiento, mostrando que el costo de tratar enfermedades por malas condiciones sanitarias, por carencia de agua potable o desagües cloacales resulta superior si se lo compara con el costo de instalar ambos servicios. El saneamiento es esencial para la salud, la vida y el desarrollo de los pueblos y constituye un derecho humano indispensable para vivir dignamente y es condición previa para el cumplimiento de otros derechos humanos. En agosto de 2010, la Asamblea de las Naciones Unidas declaró que el acceso a los servicios sanitarios es un derecho fundamental y lo incluyó en los tratados de garantías, por lo que los Estados tienen la responsabilidad de asegurar dichos servicios a sus ciudadanos. En nuestro país y para Rosario de Santa Fe se dejó caer un crédito para financiar obras de desagües cloacales por razones inexplicables y absurdas. ¡Qué diferencia enorme existe entre los actuales políticos, que no apoyaron la realización de estas obras, con Carrasco y Candioti!
































