He leído con atención la carta del lector Mario E Schujman, prestigioso arquitecto socio del Rowing Club de Rosario. En ella me alude sin mencionarme por mi nombre. Es verdad que el arquitecto Schujman intentó mediar entre el club y los vecinos visitándome en mi estudio. En la ocasión le expliqué que había dos cuestiones: una, la relacionada con los problemas de los vecinos; otra, la vinculada a la forma ilegal en que el club, sin permiso y en violación de la clausura impuesta por el municipio, ha erigido una estructura metálica que se aparta totalmente del concepto que sobre la zona tiene el Código Urbano, que impone no solo una altura máxima de 6 metros (la estructura construida sin permiso tiene casi 12 metros), sino varias otras exigencias que son coherentes con una concepción de lo que debe ser la costa en esa parte de la ciudad. Aquí no se trata solo de vecinos contra un club, sino de un club contra una concepción de la ciudad que beneficia a todos y ha sido aprobada por el propio Concejo. A pedido de uno de los concejales integrantes de la Comisión de Planeamiento solicité a mis clientes que contrataran los servicios de un ingeniero especializado en sistemas de construcción, para que elaborara un estudio a fin de determinar si era posible realizar los objetivos que el club decía tener, y los intereses agredidos. Concluyó en que era posible y planteó ante los concejales que integran la Comisión de Planeamiento su sugerencia. Estaban presentes los directivos del Rowing Club de Rosario. A la luz del trabajo realizado por el ingeniero, docente especializado en el tema, no es cierto que técnicamente sea imposible bajar la cubierta a los seis metros que permite el Código Urbano, sin afectar el uso deportivo. Tampoco es cierto que el tercer proyecto presentado por el club ya no afecte la visual a los vecinos. Lo que es verdaderamente incomprensible, para emplear la palabra del distinguido arquitecto a cuya carta de lector me refiero, es que las autoridades del club, el propio arquitecto y hasta algún concejal, insistan en la pretensión de que se distinga con una excepción la conducta de quienes, sin permiso y violando la clausura, intentaron generar un hecho consumado en violación a la normativa aplicable, y que hace dos años siguen incumpliendo la orden de demoler lo construido ilegalmente. No puede olvidarse, además, que por unanimidad el Concejo rechazó un proyecto del club, prácticamente idéntico en altura al actual, mediante una resolución del 18 de agosto de 2011, en la cual explica que otorgar la excepción "pondría al Concejo Municipal en una situación compleja al momento de considerar pedidos similares por parte de particulares u otras entidades deportivas de la zona ". Y no importa que tenga o no fin de lucro, porque la carencia de finalidad lucrativa no da un "bill de indemnidad" para llevarse por delante las normas que obligan a todos.






























