Rosario misteriosa es un sitio de la Municipalidad dedicado especialmente a los niños. Entre las escenificaciones que allí se ofrecen, hay una que alarma y estremece, por fomentar disvalores que afectan el desarrollo de los pequeños. La corrida de toros es un espectáculo obsceno y cruel en el que se tortura con consentimiento y complicidad de un público ávido de sangre a un animal inocente. Hoy son los mismos jóvenes españoles los que organizan multitudinarias manifestaciones para lograr su abolición, que ya se ha alcanzado en Barcelona. La Secretaría de Cultura municipal parece estar en contra de una cultura ligada a los valores éticos y humanos y apuesta por espectáculos bárbaros propios de la edad antigua y de los circos romanos. A fines de 1883, Sarmiento juzgaba al ruedo como un espectáculo odioso a los sentimientos de la humanidad. El 12 de diciembre de ese año viene a Rosario para oponerse a la realización de una de estas actividades en la ciudad. Dijo ese día: “No habrá más fiestas taurinas señores. Yo lo impediré, aquí y fuera de aquí. No he acudido a remediar el mal con paliativos, he venido a poner término definitivo a la tauromancia, a proscribirla”. Después de 131 años el Estado municipal de Rosario recrea de manera simbólica una exhibición en la que un grupo humano hiere y mata lentamente, con alevosía, a un animal indefenso. Rosario no admite retroceder en nombre de un misterio que no es tal en el túnel del tiempo.


























