Desde la úlitma gestión del escribano Víctor Vesco, diferentes grupos de socios de Central comenzaron a promover una oposición caracterizada por la juventud de sus integrantes: Mística Canalla y el Crece. Hecho que se profundizó durante la administración de Pablo Scarabino y se vio reflejada en las calles (con varias movilizaciones y escraches), la cancha, la Justicia (con varias denuncias penales y pedidos de investigación), en las asambleas (donde se sufrieron apretadas de parte de la barra porque se la denunciaba en la cara y de esto puede dar fe el doctor Vicente Cuñado), en los medios de comunicación y hasta en investigaciones periodísticas con formas de libros. Gracias a esa oposición que hoy el doctor Usandizaga desprecia, él está en la presidencia de Central. Los socios que ahora se manifiestan en contra de algunas de sus decisiones forman parte de su mismo origen. Usandizaga nunca estuvo en aquellas asambleas calientes de fines del "vesquismo" ni tampoco en las útimas de la etapa de Scarabino. Pero su obligación es saber que hay una historia que hoy florece a su lado a través de la militancia de Mística a quien, por otra parte, debería prestar más atención. Negar el pasado, discutir con el espejo y el hijo, convertir a Central en una empresa inmobiliaria, hacer negocios poco claros con dirigentes cuestionados por la Justicia (como el caso del señor Patricio Gorosito del Real de Arroyo Seco), vanagloriarse de su relación con Julio Grondona, negar el diálogo con sus empleados y socios (en la última y única asamblea durante su gestión, no hubo ninguna invitación clara para abrir una lista de oradores ni mucho menos), arreglar con los principales acreedores del club sin que existan constancias serias y documentadas de su proclamada asistencia financiera (hechos fundamentados legalmente por esa misma oposición durante los gobiernos de Vesco y Scarabino), mandar al frente a los pibes de las inferiores rehenes de representantes en alianza con los barras ante los medios de comunicación, despreciar la experiencia de Madelón y condenar la suerte deportiva a sus caprichos; hacen de los días del primer intendente de la democracia rosarina, tiempos antidemocráticos en Central. Algo que ya hizo en la cancha grande de la política local cuando desconoció el convenio colectivo con los trabajadores municipales, el Fondo de Asistencia Educativa y el voto popular que lo había elegido para cumplir un segundo mandato. Esa ausencia de memoria, verdad, justicia y diálogo termina generando los resultados deportivos que hoy padecemos los socios e hinchas de Central. Las declaraciones de Usandizaga dan bronca y tristeza. Por Central y por la democracia.



































