En las contratapas de los diarios, algunos autores dejan enseñanzas o elementos para reflexionar, cuándo no algunas verdades disfrazadas de chistes, que ayudan al análisis desde lo risueño, pero para nada irreal, un poco de miel para digerir el agrio gusto que suponen algunas realidades que nos tocan observar. Hace unos días, el autor Sendra que dibuja a Matías, ese niño con sabiduría popular y experiencia de adulto, proponía lo siguiente: en el primer cuadro se veía al personaje con una figura de chocolate en su mano, típica golosina en tiempo de Pascuas, la que representaba a un conejito; en el segundo cuadro acompañaba un pensamiento autoculpable que decía: “Si yo me comiera este conejito, se me rompería el alma”; en el tercer cuadro el personaje se come, sin más ni más la figura de chocolate, y en el cuarto cuadro, luego de saciar su apetito, vuelve a reflexionar a modo de descargo personal, diciendo: “Qué increíblemente coherente que es el estómago, y que fácilmente manejable es el alma”. Estimados lectores, queda a vuestro criterio la adaptación de este “chiste” a la realidad que se les plazca establecer: un candidato a concejal de la ciudad dice esperar hasta último momento para decidir con quién se asocia en las próximas elecciones. La Biblia y el calefón se unen en propuestas y posibles fusiones entre personajes, hasta no hace mucho, irreconciliables enemigos. Hay políticos que hoy son críticos de las barbaridades que aprobaron durante sus pasados mandatos. Se publica que un ex gobernador, candidato a presidente y crítico acérrimo de la corrupción, incorpora familiares a puestos de empresas estatales antes de su retiro. La alicaída realeza española en defensa de su monárquica historia pretende justificar los juicios por fraudes públicos de sus integrantes. Diputados y senadores aprueban sobre tablas, sin problemas de quórum ni discusiones, el aumento del 50% de sus sueldos. Quienes estudiaron para defender a los ciudadanos, aparecen todos los días en los periódicos acusados o comprometidos en negocios fuera de la ley. Empresarios que se arrogan como virtud el hecho de dar trabajo, hacen lo imposible por evadir o tener personal en negro. En definitiva, de la supuestamente llamada clase dirigente y/o empresaria, ninguno resiste el archivo si comparamos lo que se dice y lo que luego se hace. ¿Quién es capaz de revertir o poner en dudas la reflexión de Matías? “Que increíblemente coherente es el estómago, y que fácilmente manejable es el alma”.En consecuencia, en base a derechos adquiridos, priorizando su estómago por sobre su dignidad y ética profesional, la clase dirigente ha decretado por amplia mayoría y sin oposición la abolición de la conciencia y el respeto por sus ideales. ¿O me equivoco?





























