"La epidemia de dengue se puede combatir mediante una inyección que se logra a partir de la sangre de quienes superaron la enfermedad", aseguró Ernesto Rosenberg, ex director del Hospital Castro Rendón, de Neuquén, a La Capital.
"La epidemia de dengue se puede combatir mediante una inyección que se logra a partir de la sangre de quienes superaron la enfermedad", aseguró Ernesto Rosenberg, ex director del Hospital Castro Rendón, de Neuquén, a La Capital.
"La defensa de nuestro organismo son los anticuerpos y las vacunas trabajan con anticuerpos. El suero de convalecientes o suero inmune contiene anticuerpos prestados, producidos por un enfermo", explicó el médico, quien ya presentó el proyecto al Colegio Médico de Neuquén.
"Esa sangre contiene anticuerpos que liquidaron al virus y se puede aplicar a los afectados", indicó.
Sobre la poca información sobre el tema, el médico sostiene que "no hay interés porque el remedio no está en las grandes fábricas de fármacos y monopolios químicos, sino bajo la piel de los pacientes".
"Se puede desarrollar en laboratorios del país, como se hizo hace 40 años al atacar al mal de los rastrojos. La tecnología necesaria es sencilla y barata. Se requiere una heladera para conservar el suero, que desecado es de fácil manejo y pueden repetirse las extracciones", explicó. "La inyección de suero contra el mal de los rastrojos fue reconocida como modelo para el tratamiento de las fiebres hemorrágicas regionales por la Organización Mundial de la Salud", afirmó el médico tucumano, de 68 años.
Lo que se inyecta es una microenfermedad, un virus destartalado que no hace daño, no puede enfermar, pero su esqueleto es percibido por el sistema de defensa, que produce los anticuerpos contra el virus, para impedir la enfermedad. Ante una gripe se pueden tomar todos los remedios, pero se necesita tiempo para curarse, tiempo para fabricar anticuerpos".
También relató que "hace 20 años el Departamento de Defensa de Estados Unidos había dicho que podía hacer una vacuna para que sus tropas no fueran víctimas de extrañas pestes en lugares remotos. Obtenían secreciones de afectados y tras licuar esos gérmenes quedaba el esqueleto de la infección, que produce inmunidad, tras ser molidos y trizados".
Perseguir bichos. "Es ridículo andar ahora persiguiendo a los mosquitos, cuando la gente puede resistir", señaló indignado.
Rosenberg también recordó: "Hace 40 años se quemaron trigales, maizales y se persiguió a los roedores que transmiten la enfermedad del mal de los rastrojos, sin resultado. Esas acciones sirven para distraer y las fumigaciones pueden ser riesgosas para la población".
Por otra parte, resaltó: "Ahora el gobernador chaqueño Capitanich parece descubrir la pólvora y dice que han superado la epidemia. Sucede que, como todas las epidemias, tras atacar y dejar muchos enfermos, esos afectados quedan inmunizados y la epidemia cae", aseguró.
Experiencia
"El Malbrán y Maiztegui tienen la tecnología y experiencia para desarrollar la inyección de suero de convalecientes", sostuvo Rosenberg. "El suero extraído, de sólo 100 centímetros cúbicos de sangre de un convaleciente, contiene suficientes anticuerpos como para proteger de 12 a 50 enfermos", abundó.



Por Nicolás Maggi

