Hace unos días escuché en la radio que se llevó a cabo la primera operación transexual con éxito en un hospital público y, lógicamente, todos comentaron esta noticia, en todos los medios, con buen humor y optimismo, lo cual me pareció perfecto, siendo la Argentina uno de los mejores países en cuanto a la salud pública. Pero también me sentí indignado como padre de un hijo con problemas traumatológicos al que hace unos dos años se le negó una operación de rotación de rótula porque, según los traumatólogos del Hospital de Niños no era necesaria y que mi hijo estaría bien. Sin embargo, como buenos padres, averiguamos en otros consultorios privados para tener otras opiniones, y nos dijeron que si no se operaba haría un gran retroceso, además de que los tratamientos con células y yeso no corregirían el problema. Como no teníamos dinero, amigos y parientes nos ayudaron a conseguir los 10 mil pesos para la operación que le permitió a mi hijo hoy poder correr, andar en bicicleta, entre otras cosas. Pero lo que más me indigna es que mi hijo no cuenta con los dedos meñique y anular, lo que lo hace víctima de burlas y discriminación que a cualquier padre lo destruye. Me enteré de que hay cirugías reconstructivas para dedos y prótesis de muy buena calidad, pero otra vez me encontré sin apoyo de hospitales públicos porque se considera que es un problema "estético" y no afecta la funcionalidad de su mano, aunque todos sabemos que eso no es cierto al sujetar algún objeto sólo con tres dedos. Por eso escribo esta carta, para ver si luego de esta operación transexual tienen en cuenta el caso de mi hijo. Por otra parte, las consultas del excelente traumatólogo que operó a mi hijo se me hacen difíciles de pagar, y me gustaría poder encontrar otra solución ya que por mi experiencia personal no me siento respaldado por los hospitales públicos.




























