Todo comenzó el 2 de marzo cuando Valentino llegó a este mundo. Fue en Venado Tuerto, una tarde de verano donde lo esperábamos ansiosos junto a toda la familia. Y por esas cosas de la vida y con tan sólo ocho días de vida, una serie de eventos inesperados lo llevaron a la sala de Neonatología del Hospital Provincial de Rosario. Allí nos encontramos con seres maravillosos, que lo cuidaron día y noche. Médicos, enfermeras, psicólogas, personal de limpieza y todas aquellas personas que trabajan incansablemente por nuestra salud. Nos dimos cuenta del amor y de la pasión que entregan cada minuto en su tarea. Están atentos a todas nuestras necesidades, nos atienden con dedicación y esmero, y por sobre todas las cosas con mucho amor. Por todo esto y mucho más, les estaremos eternamente agradecidos. Cada día que pasa nos acordamos fervientemente de su atención y contaran con nosotros para todo lo que necesiten. No tenemos más palabras y tampoco alcanzarían. Infinitamente gracias.






























