La venta de cigarrillos electrónicos está prohibida en la Argentina desde hace tres años pero eso no es impedimento para las personas que encuentran en este dispositivo un aliado para dejar de fumar, o para fumar menos. El e-cigarette, que tiene más de diez años de existencia, está tan vigente en el país que la semana pasada el Ministerio de Salud de la Nación se vio obligado a emitir un comunicado en el que expresa su preocupación ya que varias personas del ambiente artístico, político y periodístico se mostraron vapeando (algunos en televisión), lo que podría alentar su consumo.
Vapear es el término con el que se denomina el acto de “fumar” un cigarrillo electrónico que en realidad no produce humo sino vapores. Desde Salud, advirtieron que para este adminículo corren las mismas prohibiciones que para el cigarrillo común en cuanto a acciones de promoción y publicidad y por lo tanto no está permitido “fumarlo” a la vista de todos como lo que hicieron, entre otros, los periodistas Jorge Lanata y Beto Casella.
¿Salvavidas o demonio? El responsable del Programa Nacional de Control de Tabaco, Jonatan Konfino, reconoció que crece el temor de que el consumo de cigarrillo electrónico se naturalice. De allí la contundencia del comunicado de Salud: “Ante la aparición reiterada de personajes haciendo uso de cigarrillos electrónicos en ficciones televisivas que se emiten en horario central, se recuerda que la Administración Nacional de Medicamentos, Alimentos y Tecnología Médica (Anmat) prohibió la comercialización de ese producto en el país en 2011 por considerar que no existe evidencia suficiente para concluir que sea una ayuda eficaz para dejar de fumar ni hay pruebas suficientes que determinen que es seguro para el consumo humano”.
Allí los argumentos de la veda: nadie sabe a ciencia cierta cuáles son los efectos a mediano y largo plazo ni en relación a la salud física ni en cuanto a la utilidad en cuanto al objetivo de dejar de fumar. Eso es tan cierto como el hecho de que personas que lo utilizan desde hace meses aseguran que han disminuido el número de cigarrillos que fuman por día de manera considerable y algunos hasta han logrado la cesación total.
Juan Carlos Figueroa Casas, médico neumonólogo, ex presidente de la Asociación Argentina de Medicina Respiratoria y profesor asociado de la Facultad de Ciencias Médicas de la UNR, reconoció que el tema despierta interés, y polémica, incluso entre los especialistas. “No lo recomendamos como herramienta para dejar de fumar porque por un lado rige una prohibición pero además porque desconocemos sus efectos verdaderos. Hay estudios en contra pero hay algunos a favor a la hora de compararlo con el cigarrillo común, del que si conocemos profundamente sus desventajas para la salud”, dice, pero también contempla que “si tengo un paciente que me plantea que fumaba dos o tres atados de puchos diarios y ahora fuma cinco o ninguno, debo reconocer en algún punto que lo prefiero, sobre todo, si el plan a corto plazo es la cesación tabáquica y dejar también el cigarrillo electrónico”.
Algo similar plantea Beatriz Amigot, médica neumonóloga, coordinadora del área de salud respiratoria de la secretaría de Salud Pública de la Municipalidad de Rosario. Si bien se apura en aclarar que no lo recomienda, destaca que “en una persona con un grado de adicción severa, como lo es quien fuma dos atados o más, es bienvenido si le permite disminuir o terminar de una vez por todas con el cigarrillo”. Agrega que “es muy importante no generalizar y tomar cada caso con sus particularidades porque todos son diferentes y merecen una atención especial”.
Amigot ofrece una opción: “Si alguien está usando el cigarrillo electrónico es porque de alguna manera está queriendo cambiar, está avanzando hacia algo diferente. Si este recurso en lo inmediato lo ayuda no creo que el camino sea atacar a esa persona, pero si le recomendaría que acompañe esta decisión con asistencia médica, o que asista a los cursos para dejar de fumar o tome cualquier camino que le permita, de verdad, alejarse del hábito de fumar que es tan dañino”.
Menos que antes. “Cuando iba a la cancha, por ejemplo, me fumaba diez puchos o más, y ahora que vapeo fumo un solo cigarrillo en el entretiempo”, dice Mariano, de 46 años, que es usuario de cigarrillos electrónicos desde hace seis meses y que fumaba más de dos atados al día y ahora redujo el consumo a una tercera parte o menos.
Manuel Muñoz, de 40 años, es el portavoz de los vapeadores en España, donde está permitido. Se encontró con esta alternativa que prometía ayudarlo a dejar de fumar, y no lo logró. Ahora no sólo vapea durante todo el día sino que es el representante de 530 empresas españolas con 1.800 puntos de venta. En declaraciones al diario El País , de Madrid, reconoció que lo mejor es “ni fumar ni vapear”.
Muñoz fumaba un atado y medio por día y ahora consume un mililitro de cigarrillo electrónico y tres o cuatro puchos en una jornada. “Nosotros defendemos que es una alternativa menos dañina que el tabaco, no que es más saludable”, declaró quien comenzó a fumar a los 13 y desde hace seis años es usuario de e-cigarettes.
¿Una moda? El neumonólogo Figueroa Casas dice que en la Argentina los usuarios son muy pocos como para considerarlo una amenaza, que se ve más en los aeropuertos internacionales y que el verdadero peligro está en lo que se desconoce. “Pasaron cincuenta años hasta que se descubrieron los efectos devastadores del cigarrillo en la salud. Hubo un tiempo en el que se le regalaban puchos a los soldados, las mujeres disfrutaban públicamente de los Virgina Slim y no había canal de televisión o revista que no tuviera hermosas propagandas alentando el consumo de cigarrillos, hasta que supimos con evidencias contundentes que el fumar produce enfermedad pulmonar obstructiva crónica, determinados tipos de cáncer y que afecta directamente a la salud cardiovascular. Nadie puede aseverar que no va a pasar lo mismo con el cigarrillo electrónico dentro de 10, 20 o 30 años”, señala con preocupación.
¿Tiene menos productos tóxicos, menos nicotina el cigarrillo electrónico que el común? Las escasas pruebas al respecto señalan que si. “Los estudios que existen a nivel mundial, al menos la mayoría de los pocos que se hicieron, muestran que los daños serían potencialmente menores, pero hay presencia de nicotina, aún en aquellos cigarrillos electrónicos que niegan que la tienen se ha encontrado”, dice Figueroa Casas.
Beatriz Amigot, agrega que “se sabe que pueden tener hasta la misma cantidad de nicotina que un pucho común” y de ese modo no se está logrando despegarse del alcaloide que genera la adicción.
“Fumar es una adicción que tiene tres componentes centrales: la adicción física, la psíquica y la social. Con el cigarrillo electrónico no te estás despegando finalmente de ninguna de ellas”, remarca. Amigot, que coordina los cursos para dejar de fumar que ofrece la Municipalidad de Rosario en forma gratuita, admite que quienes se acercan a estos espacios “siempre preguntan por el cigarrillo electrónico”, como también lo hacen con otras herramientas o recursos que sí están habilitados para ser usados con el fin de dejar el cigarrillo, como algunas drogas.
"El que es muy fumador y viene traído por su familia, o porque se lo indicó el médico o se asustó por algún episodio de salud va a preguntar por todo, hasta por las opciones mágicas”, apuntó.
Los médicos saben que dejar de fumar no es nada fácil. A algunas personas les resultará más sencillo de lo esperado, pero casi todos lo padecen aunque estén seguros de que necesitan abandonarlo.
En el escenario hay alternativas aprobadas para facilitar la cesación, otras prohibidas y hasta demonizadas como el cigarrillo electrónico. En definitiva, unas y otras buscan un objetivo más que válido: vivir más, pero sobre todo, vivir mejor.
Para dejar de fumar
La secretaría de Salud de la Municipalidad de Rosario inicia el segundo curso del año para dejar de fumar. El próximo lunes a las 19 en el Cemar, San Luis y Balcarce, se ofrecerá una charla informativa. Los cursos son gratuitos y están dictados por profesionales. No hace falta inscripción previa. Estas acciones permiten que al año de terminado el curso más del 46% de los participantes sostenga la decisión.