La lucha contra la corrupción es difícil de librar en gran parte del mundo. Ha pasado a formar parte de la manera de hacer política y negocios. La mayor dificultad para enfrentarla está en poder producir ese cambio de cultura en las personas, que han observado desde hace mucho tiempo que el poder (gobierno) no es para servir al pueblo, sino para que los funcionarios o personas comunes como cualquiera de nosotros se sirvan del mismo para cambiar su posición económica en poco tiempo. A lo largo de la historia de nuestro país, se pueden observar numerosos hechos corruptos y la mayoría no fueron esclarecidos; pero lo que realmente sabemos es que muchos de éstos condujeron al país a una gran agonía muy difícil de superar. Cada día, año, década está marcado por algún hecho oscuro que anega el camino de la Nación, donde todos deberíamos conducirnos hacia un mismo objetivo para crecer. Sabemos que la corrupción en el Estado es el mayor flagelo y mayor enemigo de nuestra democracia, es una enfermedad que poco a poco va destruyendo todas nuestras instituciones. Debemos cambiar el rumbo de nuestro país y conducirlo hacia un camino de transparencia, trabajo, profesionalismo, voluntad y sencillez.



































