Monseñor Casaretto tiene una visión moderadamente optimista sobre la historia reciente del país, que la que lo animó a buscar alternativas superadores aún en momentos institucionales difíciles. "Yo no tengo una visión «terrible» de la época en la que vivo, porque, comparando históricamente, si uno hubiera vivido en Europa durante la Segunda Guerra Mundial, con 60 millones de muertos, advertiría que esa fue una época terrible, y no esta. Cada tiempo tiene lo suyo, y soy bastante optimista: pretendo vivir esperanzado. Para mí, esta época es muy desafiante. La gente quiere que las cosas se hagan más rápido, pero en la Iglesia venimos haciendo un cambio. He vivido prácticamente todo mi ministerio sacerdotal luego del Concilio Vaticano Segundo. Tuve que reestudiar toda la teología que había aprendido en el seminario. Tuvimos que ensayar muchísimas acciones pastorales distintas. Por ejemplo, tiempo atrás, el mensaje hacía fuerte hincapié en la muerte de Jesucristo, y no tanto en su resurrección. Tuvimos, entonces, que redimensionar nuestra predicación, y eso resultó un incentivo para mí".





























