¿Cómo puede justificarse el asiduo maltrato hacia otro bajo el argumento de pérdida de audición? Es absurdo. La conducta de Ricardo Barreda llama la atención y especialmente cuando se trata de mujeres, con quienes se vincula. Un ser que se mantuvo indiferente hacia una sentencia condenatoria, con el lamentable agregado de haber dicho, momentos antes, "que volvería hacer lo mismo, si las circunstancias se repitieran". La noticia conocida días atrás de su relación con Berta, su pareja, quizás a nadie o a muy pocos llamó la atención. El sentido común, la lógica y la misma secuencia llevan a no sorprenderse. El arisco dentista, de trato violento, volvió a la cárcel. Realmente, su libertad a muchos no tranquilizaba, al margen de haber cumplido la pena y corresponderle por ende salir de prisión. Tras haber mencionado y reiterado que no se sentía para nada arrepentido de su accionar, ¿qué cambio o revisión se podía esperar en su vida diaria, en lo que concierne a modalidad y conductas? Sin el más mínimo arrepentimiento como esta persona manifestó en entrevistas periodísticas, resulta casi ingenuo creer que contábamos en la sociedad con un individuo absolutamente adaptado.
































