El leer el artículo del asesor de menores de los Tribunales de Rosario del pasado 19 me mueve a insistir en un tema por el cual he escrito varias veces en esta página.

El leer el artículo del asesor de menores de los Tribunales de Rosario del pasado 19 me mueve a insistir en un tema por el cual he escrito varias veces en esta página.
El señor Papalardo dice que "el problema no reside en las drogas sino en las adicciones", es decir que por más que se destruyan quioscos de drogas seguirán existiendo consumidores que harán lo imposible para hacerse de lo que necesitan, perentoriamente y así no se puede erradicar la drogadicción.
Lo único válido, desde mi punto de vista, es la educación. Sólo educando a los niños en valores lograremos que no caigan en ese flagelo y debemos empezar cuanto antes porque cada vez son más jóvenes los que las prueban y luego, no siempre logran salir.
Repito hasta el cansancio que los clubes de Leones aplicamos en todo el mundo un programa integral con ese propósito "Destrezas para la adolescencia". El 1º de julio pasado lo expliqué en una charla ante supervisores, directivos y docentes de distintas escuelas privadas y todos coincidimos en que la única salida que tenemos los ciudadanos contra estos estímulos negativos es la educación.
Nuestro club de Leones de Rosario Luis Pasteur organizó, desde el 2009, cuatro talleres donde se capacitaron más de cien docentes para implementar este programa. Algunos lo están haciendo con buenos resultados, otros no lo logran por impedimentos burocráticos. Los que se interiorizan en él reconocen su excelencia, pero no siempre es fácil llevarlo a la práctica por no figurar en la currícula escolar.
Sirva esta carta de llamado de atención para nuestros gobernantes. Si quieren erradicar el flagelo de la droga, comiencen por preparar a los niños para que conozcan toda la verdad sobre ella, con este u otro programa, pero que sea integral y tenga continuidad desde los grados inferiores hasta el secundario.
Sólo así podremos sanear a nuestra juventud y lograr ciudadanos responsables.
Erina Perla Cabales
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