Cuando el cardenal Joseph Ratzinger se convirtió en el Papa Benedicto XVI en 2005, epítetos como el "Rottweiler de Dios" o "Panzerkardinal" sugirieron que podría llevar parte de la eficacia alemana a la opaca burocracia del Vaticano, la Curia.

Cuando el cardenal Joseph Ratzinger se convirtió en el Papa Benedicto XVI en 2005, epítetos como el "Rottweiler de Dios" o "Panzerkardinal" sugirieron que podría llevar parte de la eficacia alemana a la opaca burocracia del Vaticano, la Curia.
En vez de eso, cuando estalló el escándalo conocido como "Vatileaks", el jefe de la Iglesia católica no ha podido ni mantener en secreto su propio correo privado.
Su mano derecha, elegido a dedo, el cardenal Tarcisio Bertone, afronta un "motín de monseñores" por parte de prelados en salas de poder.
El Papado de Benedicto XVI ha estado marcado hasta ahora por controversias sobre asuntos que ha dicho o hecho, como sus críticas al islam en 2006 o su decisión del 2009 de readmitir a obispos ultratradicionalistas excomulgados.
Ahora, un objetivo que no ha logrado materializar —ganar el control sobre la Curia— ha vuelto para perseguirle. La filtración de documentos confidenciales sobre las finanzas o audiencias privadas pueden hacer parecer débil y desordenado a su papado.
"Casi hemos olvidado que la reforma de la Curia era parte del programa de Benedicto XVI", recordó Isabelle de Gaulmyn, ex corresponsal del Vaticano para el diario católico francés La Croix.
"Siete años después, la Curia nunca ha parecido tan opaca, ineficaz, cerrada y mal gobernada como hoy", apuntó.
El escándalo Vatileaks ha revelado las luchas internas entre bambalinas por el cese del presidente del banco vaticano. El propio mayordomo del Papa ha sido detenido bajo la sospecha de robar documentos.
El objetivo parece ser el cardenal italiano Tarcisio Bertone, secretario de Estado del Vaticano (el primer ministro), acusado por sus críticos de jugar a la política y bloquear sus esfuerzos de erradicar la corrupción y el favoritismo.
Monarquía renacentista. La Curia, una burocracia con siglos de antigüedad dominada por clérigos italianos, es esencial en el éxito o fracaso del papado porque puede cancelar o aguar las decisiones si van en contra de sus intereses o tradiciones.
Su nombre procede de la palabra latina para corte real y está compuesta por un conglomerado de departamentos, comisiones y tribunales superpuestos, más aptos para una monarquía renacentista intrigante que para un gobierno democrático y transparente.
La institución que dio al mundo la palabra "nepotismo" tampoco es siempre un modelo de meritocracia. Algunos responsables tienen talento pero otros deben sus puestos más a sus contactos que a sus capacidades.
Cada departamento tiene un comité asesor de cardenales y obispos y quien se siente en varios comités puede crear poderosos vínculos que influyen en la política.
La presión para acometer reformas creció durante el largo papado de Juan Pablo II. Anunció cambios en los años 80 para dar a los obispos mayor poder de decisión en la política vaticana, pero se centró en sus viajes y sermones y no lo llevó a cabo.
Benedicto XVI fue considerado el mejor hombre para reformarla puesto que ha sido miembro de la Curia desde 1981 y supuestamente la conocía de arriba a abajo. Ahora parece que la tarea pasará a su sucesor.
"No estoy seguro de que nadie la haya controlado nunca, o pueda controlarla", dijo Thomas F.X. Noble, profesor de historia de la Universidad de Notre Dame en Indiana, Estados Unidos, sobre la burocracia en el Vaticano.
La Curia se ha mantenido en términos de poder de la Iglesia pese a la elección de dos papas no italianos y a que una creciente mayoría de católicos proceden del mundo pobre.
En febrero, la última vez que Benedicto XVI nombró cardenales, 10 de los 18 que pueden elegir al próximo Papa eran miembros de la Curia, un 35 por ciento de los votos en el próximo cónclave: tendrán un papel importante y podrían recuperar el papado para Italia.


