El miércoles 24 de noviembre ingresó mi madre al Sanatorio Güemes por derivación del Pami II, ya que se encontraba sin camas disponibles. Ella padece demencia senil, estallido de cadera y fémur izquierdo desde aproximadamente hace cuatro meses. Como consecuencia, de la inmovilidad se le produjeron escariosis múltiples graves. Quiero expresar que mi madre ingresó a las 18 a dicho nosocomio y después de la cura en sala de guardia la internaron en la habitación 109, donde estuvo sin atención ni alimento hasta las 9 del día siguiente, cuando recibió sólo un desayuno. Al requerir a las enfermeras por la falta de atención e higiene obtuve como respuesta que hacían "lo que podían por la falta de personal". Me dirigí a la administración a efectuar el reclamo y fui atendido por la supervisora de enfermeras, quien me dijo que en dicho nosocomio higienizan y curan una vez al día. Interpretando que esta situación agravaría el estado de mi madre, fui al Pami II donde hablé con el médico auditor, quien ante mi estado de desesperación me consiguió una cama para la tarde con horario incierto, dependiendo del retiro de otro paciente. Me indicó que firmara el alta voluntaria de mi madre para dejar el nosocomio, lo que hice a las 16.30 ante la insistencia de una supervisora de piso que me explica que es para agilizar el trámite. Mi sorpresa es a las 17.30 cuando se acabó el suero y di aviso a la enfermera, ésta me respondió que no correspondía por que ya estaba firmada el alta. Esto deja a mi madre sin atención de ningún tipo hasta las 22, cuando llegó el traslado. Este sanatorio es el ejemplo de la peor desidia que pueden tener con una persona de la tercera edad. Hago llegar esta carta para tratar que otros viejitos no pasen por lo mismo.
































