Lamento referirme al Correo Argentino de la peor manera. Pero aún cuando la culpa sea de algún empleado ratero, la que paga es la institución. Soy periodista cultural y mantengo contacto laboral con numerosas editoriales. Una de ellas, La Factoría de Ideas (España), me realizaba envíos desde hace casi un año. Una seguidilla de ocho libros nunca llegó a mis manos. La sorpresa mayor consistió en descubrir, gracias a un amigo, la puesta en venta de uno de ellos en la Feria Retro de nuestra ciudad. Mi amigo compra el ejemplar, con el sello de prensa estampado, en un stand que gozaba de esta novedad absoluta: dicho libro ni siquiera figura en otras librerías, el único destinatario de estos envíos —en toda Argentina— es quien aquí firma. Gracias al correo corrupto argentino peligra mi contacto editorial y, por ende, una de mis posibilidades laborales. La única denuncia pertinente —en el Centro de Atención al Cliente— fue realizada, y la respuesta obvia, ya recibida, es: "Es nuestro deber agradecerle este positivo contacto", "no es factible proporcionarle información puntual". Gracias Correo querido. Gracias por atentar contra mi trabajo. Repito: me robaron, para malvender —ni siquiera leer—, ocho libros. Sólo míos. Son una vergüenza.





























