"Nunca es triste la verdad, lo que no tiene es remedio", dice Serrat. Verdad es que en Rosario hay un solo decibelímetro. Esta simple verdad es inclusiva de otras. La primera: muestra el nulo interés de la Municipalidad por solucionar un problema que desvela (literalmente) a muchos vecinos en varias zonas de la ciudad. También deja en claro que lo que los vecinos venimos denunciando hace años es totalmente cierto: no hay controles, ¿o alguien puede pensar que un solo decibelímetro es suficiente para controlar el nivel de ruido en una ciudad como Rosario? Muestra también que el interés de los funcionarios no es precisamente garantizar el derecho al descanso de quienes vivimos cerca de boliches. Esta es la pura verdad, que no tiene remedio por la desidia o la impericia de quienes deben encontrarlo y aplicarlo.






























