Los rosarinos somos especiales. El año pasado uno de los dos referentes futboleros de la ciudad, estaba en segunda división y el otro peleando desesperadamente para no irse al descenso. Este año tenemos dos campeones y eso que somos del "interior". Personalmente soy de Ñuls y estoy feliz, disfrutando este presente de un club que luchó dígnamente a las órdenes del Tata, un referente incondicional que dejó de lado conveniencias económicas y así, como un genio vino a salvar a su club, donde encontró gente dispuesta a colaborar y ayudar para que llegara esta realidad que hoy disfrutamos agradecidos; pero, ¿cuál es la contracara de tanta felicidad? Dentro de todo, los habituales excesos en la forma de festejar estos logros, fueron medianamente normales (no hubo muertos), mas la ciudad tuvo que sufrir el desahogo de los inadaptados de siempre que en lugar de festejar con pasión, sin dañar a sus semejantes, se dedicaron a pintar sus sentimientos en las paredes de toda la ciudad, arruinando calles, avenidas, monumentos y destrozando cuanta cosa se les puso delante. Así no nos sirven los campeonatos, así no disfrutamos estos logros, porque la ciudad sufre sin remedio el fútbol, que es para todos, pero hay que vivirlo dignamente. Tal vez las autoridades deberían intervenir consensuando con los dirigentes de los clubes para obtener el control sobre las barras que arruinan los partidos y no conformes con eso hasta llegan a cobrarse vidas humanas. Como simple ciudadana, no sé qué medidas deberían tomarse pero creo que así no se puede seguir, porque paulatinamente se va degradando cada vez más la sociedad y una de las víctimas principales es el fútbol.
































