Como profesional, hace años que trabajo vinculada al sector agropecuario. Y veo con preocupación un contrasentido: siendo el sector más controlado por los organismos recaudadores y uno de los que más aporta tributaria y económicamente, suele citárselo como el más evasor. Preocupa esa imagen que intentan instalar insistentenmente. En esta confusión se llegó a un extremo de anunciar que los trabajadores rurales trabajarán ahora 8 horas diarias diurnas, no más de 48 horas semanales. Es que hace años que se viene implementando así, por eso sorprende que se lo presente como un logro y tan luego en un anuncio presidencial. Ejemplo de ello fueron las resoluciones que limitaron jornadas para actividades específicas (avícola, tealera, arándanos, horticultura, yerbatera, etcétera) o para jurisdicciones (Mendoza y San Juan, Santa Fe, Córdoba, Santa Fe, Santiago del Estero, San Luis, La Rioja y Catamarca, Chubut, Santa Cruz y Tierra del Fuego, Buenos Aires y La Pampa). La Comisión Nacional de Trabajo Agrario dictó la resolución 71/08 publicada en Boletín Oficial el 10/12/2008, que ordena toda esta normativa dispersa en el tiempo y por actividad. El sector agropecuario invierte y genera riqueza territorialmente en zonas donde quizás no existan industrias y centros urbanos importantes. Mi gran preocupación es que, por peleas de poder económico, se ha perdido de vista totalmente que gran parte del país vive de estas producciones primarias y sus cadenas de valor, sin contar la ocupación territorial y la vida y subsistencia de los pueblos. Sería muy triste ver nuevamente a los jóvenes emigrar del campo y de las pequeñas poblaciones, política social que preocupa y ocupa tanto a la Unión Europea desde hace años.


































