Rómulo Macció, uno de los artistas plásticos más valiosos de la Argentina de los últimos 50 años, falleció ayer en Buenos Aires. Había nacido en 1931. Hoy será velado en el Museo Nacional de Bellas Artes, institución que informó del fallecimiento del artista en un comunicado en el que “extiende sus condolencias a su familia y allegados en este triste momento”. Macció, integrante del conocido movimiento Nueva Figuración y formado en el Instituto Di Tella, fue protagonista de uno de los capítulos más ricos del arte argentino de la segunda mitad del siglo XX. “Rómulo Macció fue uno de los artistas plásticos más originales de su generación y un referente de la escena cultural argentina en los últimos 50 años. A quienes tuvimos la oportunidad de conocerlo su muerte nos apena muchísimo, ya que vamos a extrañar su presencia, sus comentarios siempre lúcidos y sin concesiones, su mirada audaz y desprejuiciada. Por fortuna nos deja una obra contundente, que imprime una marca única en la historia del arte contemporáneo”, expresó Andrés Duprat, director del MNBA. Los restos de Rómulo Macció serán velados hoy, de 11 a 20 en la sala 24 del Museo Nacional de Bellas Artes, de avenida del Libertador 1473 de la ciudad de Buenos Aires. “Tristeza por la muerte de Rómulo Macció, grande entre los grandes de la vanguardia nacional”, escribió por su parte el ministro de Cultura de la Nación, Pablo Avelluto, en Twitter.
“Acabo de enterarme del fallecimiento de Rómulo Macció con quien compartí en nuestro período de juventud una experiencia fundamental que nos hermanó. Siempre lo he considerado un gran artista y lamento profundamente su partida, por razones personales y culturales. Extiendo mis condolencias a su familia”, escribió en Facebook, el maestro Luis Felipe Noé. “Yuyo” Noé se refería a la experiencia que protagonizaron junto a Macció, Ernesto Deira y Jorge de la Vega en los 60 con el movimiento Nueva figuración.
Presencia global. La obra de Rómulo Macció, nacido en Buenos Aires en 1931, integra el patrimonio de instituciones como el Museo Guggenheim de Nueva York; el Museo de Arte Moderno de París y el Reina Sofía de Madrid, entre otros. A lo largo de su carrera trabajó sobre la visión y la percepción, saliéndose en muchos casos del marco de los cuadros, y fue galardonado con el primer premio internacional del Di Tella, el Guggenheim y el gran premio de honor del Salón Nacional. Representó a la Argentina en la Bienal de San Pablo (1963 y 1985) y en la Bienal de Venecia en 1968 y 1988. Realizó muestras en París, México, Nueva York, Milán, Bogotá, Munich, Madrid, Edimburgo, Bruselas, Viena, Río de Janeiro, Caracas, México D.F, Madrid y otras ciudades. Era una “firma” de las más reconocidas del arte argentino y sus obras tienen valores propios del mercado internacional.
“La pintura es un don con el que uno nace y debe tratar de hacerlo cada vez mejor, pero no tengo ningún proyecto, no creo en las conjeturas intelectuales para pintar, ni en proyectos, ni en recetas. Voy a la tela y ahí vuelco lo que tengo guardado en la conciencia”, había dicho alguna vez el artista. “Yo soy intuitivo, hago lo que puedo y lo que me sale. Para mí, la cabeza es la pintura, la mano ejecuta y el corazón le pone sentimiento. Los cuadros hablan por sí mismos”, había agregado.