Aunque su nombre no resulte familiar para la mayoría de nosotros, casi todos escuchamos hablar
de Soichi Noguchi, el astronauta japonés que en estos momentos se encuentra dando vueltas sobre la
Tierra en la nave espacial rusa Soyuz, en una misión llamada TMA-17. Pero no se hizo popular por
integrar la expedición 22 de la Estación Espacial Internacional, sino por fotografiar el planeta
desde 400 kilómetros de altura y enviar las tomas a una red social en internet.
Las sorprendentes fotos se hicieron famosas en la web y, como es costumbre por estos días, de
inmediato dio vueltas por los noticieros de todo el mundo y después apareció en los diarios.
"¡Twiteando en vivo desde el espacio!", dice su bio en Twitter, la plataforma de microblogging que
utiliza para difundir las imágenes que todos los días sube a Twitpic. Pero esto de tener acceso a
fotos tomadas desde el espacio no es nuevo: ¿quién no usó alguna vez el Google Maps y su hermano
mayor, el increíble Google Earth? Y, hay que decir la verdad, la mayoría de las imágenes de Soichi
no son más impactantes que las de Google. Entonces, ¿por qué de repente el furor por el astronauta,
que hace rato pasó la barrera de los 100 mil seguidores en Twitter?
Google siempre quiso ser "uno más en la barra de amigos". Se muestra divertido, informal y
compinche, es "el bueno" de la película, siempre está de moda, es casi un geek más en la
constelación internet. Pero es una empresa (probablemente la más exitosa de los últimos años) con
miles de empleados alrededor del mundo, ganancias millonarias, denuncias por presunto monopolio y
conflictos éticos por cuestiones de censura. Está claro, Google no es alguien como cualquiera de
nosotros.
En el otro rincón, Soichi Noguchi, el simpático astronauta que puede convertirse en uno más de
nuestro "grupo de amigos" sólo con tipear
@Astro_Soichi en una cuenta de
Twitter. Es cierto, es astronauta, no son muchas las personas en el mundo que puedan jactarse de
ello. Claro, también tiene una tremenda Nikon que le permite tomar fotos con una distancia focal de
800 mm. Pero no deja de ser "uno más", y a uno le queda la sensación de que cualquiera de nosotros
podríamos ser Soichi.
En uno de los miles de blogs que reprodujeron la noticia, un tal Calistor comenta: "Ahora un
chico de doce años con su Twitter le dice a su madre: mamá, espera que estoy twitteando con mi
amigo el astronauta". Es sólo eso, la magia de internet, el hecho de saber que en este mismo
momento el japonés podría estar con su cámara en mano apuntando hacia acá y que dentro de unos
minutos esas imágenes van a estar en mi computadora. Que lo hace sin fines lucrativos, apenas por
diversión o quizás como una forma de expresión artística, y que decidió agregarlas al infinito
universo de la Web 2.0 y las redes sociales, esas mismas que "hacemos" nosotros todos los días.
Soichi está volando por el espacio, pero está más cerca nuestro que Google.
El hombre tiene una entrada en
Wikipedia, con lo que se
puede decir que ya se recibió de famoso, aunque no hay mucha información allí sobre él. Pero sólo
es cuestión de tiempo: cualquiera que esté leyendo esta columna puede ir ahora mismo a la
enciclopedia colaborativa para añadir un par de párrafos. Y después asomarse a la terraza y saludar
al cielo, no vaya a ser que nuestro amigo astronauta esté pasando en este instante por sobre
nuestras cabezas.