Cuando se habla de la violencia y de la llamada inseguridad, se olvida de mencionar el ejemplo que tienen delante de los ojos los seres humanos comunes y que marca a fuego lo que aprenden los chicos desde que nacen. Ese ejemplo está dado por lo que hacen y dicen muchas personas que se vuelven "importantes" porque aparecen en la mayor parte de la televisión, los diarios y las radios. Son los gobernantes, los ricos y famosos, y hasta los que mandan a la hoguera a sus parejas porque opinan de modo diferente. Puede suponerse que desde que existen los seres humanos sobre la Tierra se ha desarrollado la preocupación por evitar que vivan matándose unos a otros. Todos creemos tener la razón (algunos simulan creerlo), pero la resolución de las diferencias no puede quedar en manos del más fuerte, del más astuto, oportunista ni mentiroso, o del más rápido en usar su arma (como en las películas de cowboys). Por eso la humanidad ha trabajado a través de los siglos para colocar un tercer personaje, la Justicia, con el objetivo de que analice la cuestión y establezca dónde está la razón, cuál es el inocente y cuál el culpable. La otra postura es la ley de la selva, matar por las dudas, adoptar el "gatillo fácil" de algunas policías y aparatos represores. Considerarse que cada uno es "el juez", conseguir un arma, practicar tiro y liquidar como si fueran palomas a los que le disgustan o contradicen, no es lo correcto.






























