Soy fan de Los Beatles desde fines de los 60. Y en verdad estaba seducido por la magia de John Lennon. Era de un humor ácido, musicalmente extraordinario, vanguardista y progresista, apoyando y liderando grandes proclamas sociales, casado con Yoko, "unía" oriente con occidente. ¿Y Paul? Paul era la contracara, según lo escrito por el señor Carlos A. Solero en estas páginas el 3 de diciembre pasado. Nada más erróneo que esa frase. Paul escribió Blackbird, donde se inspiró en una noticia de prensa que comentaba sobre tumultos raciales en USA y compone una canción sobre la libertad y derechos civiles de los negros en ese país. También compuso Hey Jude, una gigantesca canción inspirada en la tristeza que le producía un niño, Julian, después de la separación de su padre, John Lennon. Una canción solidaria al fin. Helter Skelter la primera canción "heavy" que escuché. Vanguardista como ninguna. Ob-La-Di, Ob-La-Da, primer ejemplo de reggae blanco o ritmo ska. Saltamos a Birthday, un rock puro de los 50 ó Honey Pie, una canción de vodevil de los años 20. Todos estos temas escritos en pocos días, de abril a julio de 1968. Señor Solero no hace falta estar muerto para ser un genio o un mito. Paul está vivo y disfrutémoslo. No quiero llegar a ninguna confrontación con esto, al contrario. Como escuché decir alguna vez a un político que el 30 por ciento de los votantes eran radicales, un 30 por ciento socialistas, un 30 por ciento conservadores y un 10 por ciento comunistas. "¿Y los peronistas?", replicó el periodista. "¡Ah¡, peronistas somos todos!", contestó. Te puede gustar la Negra Sosa, Rolling Stones, Litto Nebbia, U2, Fito, Deep Purple o Pipo Pescador, pero los Beatles nos gustan a todos.

































