El 8 de abril de 2012 un delincuente con frondoso prontuario entró a robar a mi casa. Quiso reducirme por medio de un arma blanca, y me defendí para salvar mi vida. Durante la pelea el ladrón llamó a un cómplice que estaba afuera: iban a matarme entre los dos. Mi defensa fue claramente legítima, pero la cosa no acabó: me veo obligado a defenderme de las infamias del entorno del ladrón. Con el mismo desparpajo con el que una madre habría admitido que su hijo se dedicaba a robar ("mi hijo roba, roba, roba"), una cómplice imputada dijo haber arrancado con sus brazos varios barrotes de hierro de la ventana. Esta cómplice tuvo "olvidos repentinos" y cambios de versión en momentos cruciales. Mintió, y reiteradamente fue desenmascarada: por ejemplo, los peritos determinaron que es imposible para la fuerza humana arrancar los barrotes metálicos. El apellido del delincuente es conocido en todos los juzgados criminales: sus aledaños son mala gente que hace del delito su modo de vida. Los cómplices del delincuente que me atacó están libres: me amedrentan y hostigan tanto a mí como a mi defensa técnica y a posibles testigos. Y seguramente están sueltos poniendo en riesgo la vida y la propiedad de otros ciudadanos inocentes como yo. La fiscal Cristina Herrera, tras estos meses, encuentra que todas las pruebas del caso la ponen de cara a la existencia de mi legítima defensa privilegiada (o sea, que no hay delito de mi parte). Ahora Herrera debería identificar al resto de la banda del delincuente, en qué hechos participaron, encontrar objetos robados en escruches anteriores y devolverlos a sus legítimos dueños. Pero prácticamente nada de esto consta en el expediente: así se garantiza la impunidad. La lucha contra la inseguridad depende de todos, por eso lamento que la responsable de la persecución penal pública, la doctora Herrera, aparentemente esté inactiva al respecto. Envío esta carta a la espera de que sea publicada, porque algunos medios han dado errónea información incriminándome, y de las constancias de autos, y de los peritajes, surge claro que no hay delito sino legítima defensa. Por eso estoy libre mientras espero el sobreseimiento, y para evitar que quede gente mal informada hago estas puntualizaciones.

































