¿Son el flamenco o la pizza patrimonio cultural de la humanidad? El veredicto le corresponde a la Unesco, que debatirá en Nairobi a partir de mañana y hasta el 15 de noviembre sobre un total de 47 solicitudes procedentes de 29 países.

¿Son el flamenco o la pizza patrimonio cultural de la humanidad? El veredicto le corresponde a la Unesco, que debatirá en Nairobi a partir de mañana y hasta el 15 de noviembre sobre un total de 47 solicitudes procedentes de 29 países.
Se trata de bienes culturales que aspiran a ser reconocidos como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, una modalidad introducida por la organización en 2003. Ello abrió la puerta a las candidaturas de bailes, tradiciones y costumbres que determinados países o grupos étnicos puedan consideran como bien universal.
Además del flamenco, del sur de España, en la lista a debatirse en la capital keniana destacan aportes de la cocina mediterránea como la pizza, el couscous y el gyros. Otras candidaturas son la de la ópera pekinesa o de la procesión danzante de Echternach, en Luxemburgo.
¿Pero se trata siempre de bienes dignos de pasar a ser patrimonio universal? Pese a que muchos médicos destacan las beneficios para la salud de la llamada "dieta mediterránea" de países como España, muchos puristas culturales muestran sus reticencias. Y la caza de halcones, una tradición que varios países árabes, Bélgica, Francia y la República Checa postulan conjuntamente como "herencia viva de la humanidad" es en realidad un pasatiempo aristocrático desde hace siglos.
Más claro parece el caso del flamenco, el baile gitano originario de Andalucía, el arte de las alfombras de Irán y Azerbaiyán o el tradicional festival mongol del Naadam.
La definición de la Unesco señala que el patrimonio cultural inmaterial debe continuar vivo, crear o fomentar la identidad colectiva y ser representativo para un país o una región.
Los festivales culturales y costumbres regionales aupadas al patrimonio universal podrían fomentar la llegada del turismo y con él aumentar los ingresos en los países correspondientes.
Pero también hay ejemplos de que esa atención internacional se puede convertir en desinterés y abandono a nivel local, como muestra un caso del propio país anfitrión de este año. Los masai, el único de los 42 grupos étnicos de Kenia que mantiene vivas sus tradiciones desde hace siglos, son uno de los emblemas turísticos del país africano. Algo, sin embargo, de lo que ellos mismos no sacan ningún provecho.

