La evolución del hombre indica necesariamente que ésta sea integral, en el claro sentido de abarcar la totalidad de los hombres y de todo el hombre en sí mismo. Cuando el Papa Pablo VI en su Encíclica "Populorum Progresso" nos dejaba como mensaje una máxima tal como: "El progreso es el nuevo nombre de la Paz", no se equivocaba en absoluto. A poco de "ver" y "escuchar" la realidad de nuestra amada República Argentina, porque las naciones, creo, deben "verse" y "escucharse" por todos, gobernantes y gobernados, reflexioné: "¡Cuán lejos estamos de ese ideal encíclico. Y si alguna vez estuvimos cerca, qué distante está esa época!" El gobierno nacional inentendible y desquiciadamente se empecina en no querer abordar de una vez por todas el tema de la seguridad pública. Todos los ciudadanos con sentido común —el menos común de los sentidos— saben que lo primordial a garantizar por un Estado serio y organizado es el derecho a la vida. Los que somos hombres del derecho usualmente hablamos de el bien jurídico protegido, al que yo le agrego los calificativos de esencial y primordial. No falta tanto para las elecciones presidenciales y confío en que mi partido, el Partido Nacionalista Constitucional, tenga un excelente desempeño porque es el único garante que mantiene viva la llama de la nacionalidad, flama esta que purgará toda podredumbre que se encuentre enquistada en nuestra sociedad. Y culmino con una frase de un gran colega: "Es natural que los que comen del bolsillo de la Patria la amen como a su vida, es decir, como a su pan. Creen amar a su Patria, más lo que aman es su pan". Nada más ni nada menos que Juan Bautista Alberdi.






























