Salvador Dalí solía decir que el que quiere interesar a los demás debe provocarlos. Y en esencia los artistas están acostumbrados a ello. Pero también es cierto que la prudencia es una virtud y permite convivir y crear respetando sentimientos y libertades de aquellos a quienes uno pudiera afectar, aún incluso con la creación. Con prudencia uno puede discernir lo mejor e ingresar al terreno de la razón. Las palabras a veces son palabrerías, pero muchas más veces permiten expresar ideas. Los artistas conviven con las palabras y nos hacen soñar con ellas. Hay buenas palabras pero también palabras mayores. Hay palabras que reconfortan y otras que hieren, ofenden y agravian. A veces la prudencia indica que ciertas palabras es mejor reservarlas para momentos más oportunos. En Argentina muchos hermanos están malheridos. A veces, señor Raúl Rizzo, en la vida real, bajo el escenario, debería reinar la prudencia en las palabras pues todo indica que es bueno no opinar cuando uno no tiene arte ni parte.
































