La parte del libreto que debió cumplir y no pudo. Eso fue Central anoche en el Gigante. Claro que esta vez el empate no fue tan frustrante como en otras ocasiones. Lo dejó en claro la gente cuando terminó el partido, despidiendo al equipo con aplausos pero exigiendo un triunfo el próximo domingo. ¿Por qué esa reacción? Porque el hincha entendió que el esfuerzo fue supremo, que faltó fútbol, pero que si no se ganó fue porque en la última estocada estuvo el gran déficit. El 0 a 0 contra San Martín de San Juan dejó la llave abierta, aunque con una obligación aún mayor. Ahora la heroica habrá que hacerla a cientos de kilómetros en lo que sí será la última posibilidad que entregará esta faena por la B Nacional.
Si algo trató de dejar en claro Central desde que la pelota comenzó a rodar es que la ocasión ameritaba una entrega mucho más sustanciosa que la de los últimos partidos. Por eso trató de acorralar a San Martín contra su propio arco. Claro que lo hizo con más esfuerzo que fútbol. Las triangulaciones, los toques cortos, los avances en bloque no existían. Pero sí el ímpetu. Y eso le alcanzó al canalla para complicarle la vida al santo sanjuanino.
El primer aviso llegó al minuto, tras un centro de Ferrari que Grabinski, con esfuerzo, envió al córner. De allí en más un bache enorme desde lo futbolístico. Todo pasaba por la guapeza, pero lejos estaba Central de imponer fútbol. Igual, las situaciones estuvieron. La mayoría en los pies de Castillejos, quien lejos estuvo de mostrar su certeza habitual. A los 23' desperdició un cabezazo tras un córner de Méndez. Y otra sobre los 30', en la que intentó con un puntín ante la lenta salida de Ardente.
A esa altura San Martín sólo hacía su juego. Lo adormecía y no se preocupaba demasiado por atacar, más allá de las ventajas que el canalla le daba por el sector izquierdo de su defensa. La única chance en ese primer tiempo estuvo en los pies de Carrusca, con una media vuelta que García mandó al córner.
Claro, es imposible pasar por alto ese mano a mano que Castillejos tuvo luego de la asistencia de Toledo de cabeza. El Chalo la paró, se perfiló, la midió y remató al cuerpo.
Pero la endeblez a la hora de la definición no se detendría ahí. Porque en el inicio del complemento hubo más de eso. Y mucho. Todas con Toledo como principal protagonista. El delantero quedó mano a mano con el arquero al minuto y se la sacaron al córner. Sobre los 13' ganó de cabeza tras el centro de Biglieri y a los 18' volvió a ganar en lo alto, pero su cabezazo dio en el travesaño.
¿De ahí en más qué? Las revoluciones crecieron, el torbellino de voluntad se potenció, las ganas no cesaron. Pero… El fútbol, el desequilibrio, las ideas y todo lo que ameritaba para torcerle el brazo a San Martín de San Juan no apareció.
Ni siquiera los ingresos de Biglieri y Medina le otorgaron al equipo esa lucidez para buscar más por abajo que a los ponchazos. Y mientras esa lucidez no decía presente, la visita iba haciendo un negocio redondo. Porque de a poco se fue metiendo cada vez más cerca de Ardente, arriesgando lo mínimo indispensable.
Ni siquiera quiso entrar la pelota que rebotó en Toledo cuando Ardente salió lejos a cortar y el delantero canalla estiró la pierna para cubrirse. Fue prácticamente la última jugada del partido.
Y todo el empuje que bajaba de las tribunas no hacía otra cosa más que nublar la vista de un equipo que jugó con un ímpetu propio de una final, pero que cometió dos errores cruciales: no expuso el juego que necesitaba y, el peor, desperdició todas las chances que tuvo para hacer la diferencia que buscó y nunca encontró.