Es muy difícil entender, casi imposible, no sólo para profesionales del derecho sino para el ciudadano común, ¿por qué razón los casos de abusos sexuales cometidos por curas de la iglesia católica parecen estar exentos -y en verdad lo están- de la acción de la Justicia? El daño que así se hace a toda la comunidad y a la institución religiosa es enorme. Uno de los casos más emblemáticos es el del cura Julio César Grassi, condenado a 15 años de presión por abuso sexual y corrupción de menores, fallo ratificado por la Sala II de la Cámara de Casación Penal de Buenos Aires. Lo notable del caso es que Grassi jamás estuvo preso, permaneció siempre en libertad. ¿Acaso otros detenidos, que incluso cometieron delitos menores, tienen el mismo derecho que Grassi para no estar en prisión? Obviamente que no. ¿Dónde está la Justicia? Simplemente no está. Otro caso inexplicable y de notoria injusticia es el del ex arzobispo de Santa Fe monseñor Storni, que fuera condenado a ocho años de prisión por abuso sexual agravado por el vínculo, fallo que fue declarado nulo (?) y del cual no se habló más. Para la escritora Olga Wornat, autora del libro " Nuestra Santa Madre", la referida decisión le causó profunda indignación. "La situación en que se deja a las víctimas de Storni es horrorosa y, además, un mensaje pésimo para la Iglesia", dijo. Nos preguntamos ¿por qué razón quienes están relacionados con el derecho y la Justicia, más legisladores e intelectuales varios, nada dicen sobre estos casos muy conocidos -y otros también- pues con su silencio cómplice el daño que se hace al pueblo, las instituciones y la Justicia es enorme? Sería un gran acierto que muchos se expidieran públicamente sobre estos temas y dejen de hacerse los distraídos. Recordemos que la memoria es la centinela del espíritu (Shakespeare) y donde hay poca justicia es un gran peligro tener razón.





























