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La fiebre por la drag-queen Conchita Wurst desató la furia de Rusia contra Eurovisión

Causó tanto revuelo en el país soviético que las autoridades nacionales, encabezadas por Vladimir Putin, ya comenzaron su cruzada personal para abandonar el certamen.

Domingo 18 de Mayo de 2014

La drag-queen barbuda Conchita Wurst se ha convertido en el personaje más odiado en Rusia desde su aplastante triunfo en la última edición del Festival de Eurovisión.

   Su victoria ha causado tanto revuelo en el país soviético que las autoridades nacionales, encabezadas por Vladimir Putin, han empezado su cruzada personal para abandonar el certamen y crear su propio festival. El motivo es simple. Rusia no puede tolerar ni una manifestación homosexual más delante de sus narices.

   El Festival de la Canción de Eurovisión es un certamen anual entre los países miembros de la Unión Europea de Radiodifusión y el programa de televisión más antiguo en el mundo, seguido por millones de telespectadores. La victoria de Conchita Wurst, un joven austríaco travestido y con barba, la semana pasada, se convirtió en un fenómeno mediático que ha revolucionado a toda Europa.

   “Los resultados del último Eurovisión son el colmo, ya es hora que dejemos de aguantar esta locura”, proclamó Valery Rishkin, diputado del Parlamento ruso. “Tenemos que abandonar este concurso inmediatamente”, completó.

   Algunos parlamentarios rusos señalaron que Rusia invierte un total de 40 millones de euros en Eurovisión, una cifra desorbitada teniendo en cuenta que países como España dedican un presupuesto que ronda los 400 mil euros anuales. Pero la razón de los cuestionamientos va más allá de un supuesto ahorro económico.

   Vladimir Yakunin, jefe de los ferrocarriles rusos y hombre de confianza del presidente Vladimir Putin, acusó ayer a Occidente de “etnofascismo” durante una conferencia en Berlín (Alemania) en la que también arremetió contra Conchita.

   “La definición antigua de democracia no tiene nada que ver con mujeres barbudas. La democracia es el gobierno del pueblo”, señaló Yakunin desde la capital alemana. Para Yakunin, los rusos que votaron por Wurst en el concurso “tienen una psicología anormal”.

   El poderoso funcionario aseveró que el bienestar de Europa dependerá de si Occidente apuesta al diálogo “o baila al ritmo de Estados Unidos”. La idea de que todo lo bueno viene de Occidente y lo malo de Oriente es “peligrosa”, añadió.

   Yakunin, desde la cúpula de los ferrocarriles públicos RZD, tiene a su mando más de un millón de empleados.

   La creciente homofobia de las autoridades rusas, capaces de promulgar leyes antipropaganda homosexual que persiguen acabar con la tarea que las organizaciones internacionales están realizando para proteger a los Derechos del colectivo LGBT (de gays, lesbianas, transexuales y bisexuales), contrasta con la realidad del pueblo ruso, que convirtió a la canción “Rise Like A Phoenix” de Conchita Wurst en número 1 de iTunes en Rusia.

   Y todo sin olvidar que fue la propia Rusia quien eligió al exitoso dúo tATu, conocidas por sus polémicas lésbicas, para representarles en Eurovisión en la edición de 2003.

   La burocracia gobernante de Rusia no sólo trata por estas horas de frenar futuras demostraciones gays en las actuaciones, sino también de disimular los abucheos que inundaron el pabellón de Eurovisión durante la actuación de las representantes oficiales rusas. El público no solo abucheó el show de las gemelas Tolmachevy sino que sustituyó a las banderas de sus países por banderas arco iris en repulsa a la oleada homófoba que impera en Rusia.

   “El concurso de Eurovisión sólo es propaganda de la cultura no tradicional, incluyendo la cultura gay”, declaró la política rusa Olga Batalina.

   Otro político nacionalista no tuvo reparos en mostrar los verdaderos motivos: “No hay límite a nuestra indignación. Es el fin de Europa. Esto es ya salvaje. Ellos ya no tienen hombres o mujeres, tienen cosas”, declaró a la televisión Vladimir Zhirinovsky.

   Algunos varones de Rusia, en los últimos días, han decidido quitarse la barba y publicar sus imágenes afeitados en diferentes redes sociales como protesta por el resultado de Eurovisión.

   Rusia no sería el primer país en montarse su propio festival de Eurovisión. En 2013, Turquía creó Turkovisión, un certamen limitado a los países con población turca.

   Los motivos que llevaron a Turquía a desvincularse del festival fueron la disconformidad con el sistema de votaciones y la clasificación directa para algunos países.

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