Se denomina "barroco" al siglo XVII. Fue el siglo donde los físico-matemáticos descollaron, en especial Galileo Galilei (1564-1642) e Isaac Newton (1634-1727). Pero también fue el siglo de la persecución y la intolerancia, del odio y el oscurantismo. Proliferaron en toda Europa acusaciones por causa de posesión demoníaca, acusaciones que inevitablemente condenaban a muerte a los "poseídos". Fueron famosos los procesos de los "demonios de Loudun" y las "brujas de Salem". También merecieron la maldición eterna los acusados por "herejía intelectual". La ejecución de Giordano Bruno y Lucilo Vanini evidenciaron hasta qué punto eran inadmisibles el libre albedrío y el espíritu crítico. La "ética de la hoguera" se enseñoreaba y quien osaba desafiarla era "escrachado" sin misericordia. Cabe reconocer que el siglo XVII no fue el único momento histórico donde escraches de semejante magnitud gozaban de legitimidad. El siglo XX fue pletórico en escraches atentatorios de la dignidad humana, como los perpetrados por los esbirros de Adolph Hitler. En nuestro país hubo una época donde los "escrachadores" hacían desaparecer a los "escrachados" para beneplácito de la oligarquía. La caza de brujas siempre benefició a los poderosos, a los dueños del poder económico y el espiritual. Aunque no siempre adquirió características tan extremas como las señaladas precedentemente, la "ética de la hoguera" siempre está al acecho, dispuesta a manifestarse en dosis menores pero siempre preocupantes. El pasado fin de semana dos excelentes actores (Juan Palomino y Raúl Rizzo) fueron escrachados en la localidad de Firmat por activistas agropecuarios que no perdonaron a Rizzo el haber tildado de "basura" a un dirigente agropecuario que había hecho apología del poder militar y el poder espiritual. Afortunadamente la función teatral no fue suspendida. En la época de las brujas de Salem Palomino y Rizzo hubieran sido quemados vivos. En la Argentina del siglo XXI sólo fueron insultados. Vamos progresando.



































