El deterioro de la calidad educativa tiene que ver con múltiples causas, pero el punto de partida debe buscarse en los orígenes de decisiones gubernamentales que han favorecido la discriminación de los docentes entre titulares y reemplazantes sin atender ni a la capacitación docente ni a las prácticas de los mismos dentro del aula. Ese punto de partida, según mi experiencia y mi memoria, ocurrió durante gobiernos justicialistas, y tuvo que ver con el traspaso de las escuelas nacionales a la provincia, que titularizó en forma directa, aún en calidad de reemplazante, a los docentes de ese nivel; tuvo que ver con la ley 11.934 (ley Rébola), que también permitió titularizaciones a nivel masivo sin concurso ni de antecedentes ni de oposición. Esas dos situaciones desembocan hoy en un escalafonamiento para titularizar cargos que no refleja la realidad y contribuye a desanimar y desalentar a docentes y personal administrativo que se ha desempeñado en forma eficiente durante años. El sistema educativo santafesino ha sido perverso, porque durante años ha impedido la realización de concursos por antecedentes y oposición, y ha realizado titularizaciones en forma arbitraria que luego perjudican a trabajadores que son confiados, honestos, realizan su trabajo con dedicación, pero que a la hora de "computar" su trabajo, sienten que se les recompensa con una cachetada.

































