Cristina Fernández de Kirchner, tuvo muy bien guardada la caja de Pandora. Su histrionismo en el atril presagiaba el futuro incierto para los argentinos. Para lograr la diabólica cifra avasallante de su victoria, se adueñó de la voluntad ciudadana con engañosas prebendas. Para ello, no tuvo pena de los jubilados; gastó a manos llenas sus ahorros inescrupulosamente. Vertiginosamente jugó sus fichas a todo o todo priorizando la realidad de "su sueño dorado" pergeñado desde hace tiempo atrás. Hoy vive aún el sopor de la victoria. Si Néstor Kirchner viviera hubiera sido el presidente reelecto. La fiesta de Cristina la pagaremos durante años todos los argentinos. Mientras, el peligro acecha agazapado a su alrededor. Los diablillos sacan la cola y confabulan un "conjuro". ¿Será tan inteligente la mandataria para descubrir a tiempo la conspiración?






























