Rosario cree cada vez más en sí misma y también piensa, cada día más, en sus propias
características, recursos, historia y posibilidades. Pero muchas veces cae en estereotipos que la
empobrecen.
¿Cuántos rosarinos han entrado alguna vez al Museo Castagnino a contemplar esa maravilla que
es “Peralito en fiesta”, del gran pintor Manuel Musto, que además nació en Rosario?
¿Cuántos saben que las líneas “para escribir un poema/ uno solo/ hay que estar loco de
belleza” fueron escritas por el gran Felipe Aldana, que vivió, escribió y murió en esta
ciudad? Pocos, demasiado pocos, sin duda. El consuelo es que cada vez son más.
Y para que sean aún más, como debe ser, es urgente escapar de los estereotipos.
La cultura rosarina guarda mucho más en sus alforjas que a Olmedo, Fontanarrosa, Fito Páez y
Libertad Lamarque.
La lista es larga y vale la pena investigar por cuenta propia. Mirando hacia el pasado,
corriendo riesgos, tirando las anteojeras al lugar más lejano que se encuentre.
La ciudad es mucho más rica de lo que sospechamos. Descubrir esa riqueza es una tarea
apasionante. Pensemos por nosotros mismos, ajenos a fórmulas publicitarias o recetas paternalistas.
Seamos curiosos. La belleza y la verdad pueden estar aquí a la vuelta.
Están.


























