Japón volvió a cazar al término de la temporada ballenera cientos de grandes cetáceos, aunque menos de la cuota que se había fijado.

Japón volvió a cazar al término de la temporada ballenera cientos de grandes cetáceos, aunque menos de la cuota que se había fijado.
El barco nodriza de la flota, el Nishin Maru, regresó anteayer con la carne de 680 ballenas al puerto de Shimonoseki. Japón mata a las ballenas en la Antártida con la excusa de objetivos científicos, pero los críticos creen que es una caza comercial camuflada que así ignora la moratoria establecida mundialmente en 1986.
Los balleneros querían capturar unas 900 ballenas enanas así como otras especies, pero vieron dificultada su labor por la combativa organización ecologista Sea Shepherd.
La moratoria de la Comisión Ballenera Internacional permite excepciones por motivos científicos. Con ello, Japón defiende su programa polémico a nivel internacional y argumenta que de este modo obtienen datos para establecer el número de poblaciones de las ballenas.
Un barco de Sea Shepherd chocó en febrero en la Antártida con un ballenero japonés, sin que hubiera heridos. Shigetoshi Nishiwaki, director científico de la flota nipona, criticó a su regreso el comportamiento agresivo de los ecologistas. También lanzaron contra ellos botellas con ácido butírico. A causa de ello la flota no pudo operar durante 16 de los 100 días de temporada de caza. l (DPA)