Un día miércoles, lluvioso, y luego de una larga noche de viaje desde la ciudad de Bahía Blanca, arribé a la terminal de Rosario, donde me esperaba un familiar. Solicitamos los servicios de un changarín para trasladar dos valijas hacia la parada de taxis; nos guió hacia la que se encuentra paralela a calle Santa Fe. Ahí parado sobre la vereda se encontraba un señor canoso, entre 35 y 45 años, quién nos preguntó ¿adónde van?, sin esperar contesté a unas diez o doce cuadras. Y entonces me dijo "van a tener que esperar porque tenemos otros viajes". Pero observé que había por lo menos entre ocho y diez coches taxis esperando pasajeros, sin ocupantes, con sus conductores sentados y nosotros con otras personas que llegaban haciendo cola (como si no hubiera ningún taxi). Mi familiar le recriminó al señor canoso que no nos llevaban porque el viaje era relativamente corto y era intención que fueran ocupados por pasajeros que arribaban en micros procedentes de países limítrofes (por ejemplo Paraguay) y ahí hacer su conocido negocio. Ante el diálogo bastante fuerte un taxista hizo seña al changarín y nos llevó, pero cuando llegamos al domicilio indicado ni siquiera nos bajó las dos valijas por cierto bastante pesadas. Llovía y la que suscribe y la acompañante, personas mayores, fuimos tratadas como si hubiéramos viajado gratis o con descuento. Realmente no entiendo. No es la única vez que ha ocurrido, merecen que se sepa y que quienes tienen la administración de la Terminal de Omnibus tomen cartas en el asunto. Merece que la Secretaría de Servicios Públicos intervenga en esta y otras situaciones similares, porque el usuario que arriba a Rosario y no conoce, está de rehén de estas organizaciones cuasi mafiosas.






























