"Hecha la ley, hecha la trampa" es una conocida frase con la que algunos magistrados amparados en ella la utilizan para dictar sentencia que, salvo los delincuentes, la gente trabajadora y honesta condena. El 8 de septiembre pasado, en la página 3 del diario La Capital, el gobernador Bonfatti criticó a esos jueces que están a favor de los delincuentes dictando sentencias que les permite quedar en libertad. En consonancia con las palabras del gobernador, el ministro de Justicia, Juan Lewis, destacó que "si hay una causa por un delito sencillo y tiene una demora monstruosa en resolverse, eso no es explicable desde ningún punto de vista jurídico". Ante tales verdades le salieron al cruce los magistrados del fuero penal aduciendo que la reforma del Código Penal les permite tomar esas decisiones para poder ellos dejar alegremente en libertad a los criminales. ¡Aplausos para estos excelentes jueces! No contento con ello, estos señores culpan al gobernador y al ministro de Justicia de no tomar prevención sobre el delito (sic). ¿De qué vale que prevengan sobre el delito si después estos jueces dejan en libertad a los que delinquen? El mismo día, en página 36, se comenta el caso de un joven que iba al trabajo con su moto y que dos criminales con el fin de robarle la moto lo mataron a balazos. El padre del muchacho asesinado declara que a pesar de tener identificado y acusado a los asesinos con nombres y domicilios, los jueces alegan que ello es indicio, no prueba y hasta tienen el tupé de afirmar que si el caso va a juicio es posible que esos criminales queden liberados. ¿Qué tal?






























