La apuesta les salió mal. Los ejecutivos de Telefé, que se quedaron sin saber qué hacer ante el monopolio del rating de Marcelo Tinelli, se jugaron a que "Gran Hermano" les salvaría el año. Y no fue así. Pese al apuro por poner en el aire el reality, Canal 13 ganó las mediciones de audiencia del 2010 y quebró un liderazgo de 20 años de su principal competidor .
Más allá de que la directora de Programación de Telefé, Marisa Badía, aseguró al portal television.com que el canal tuvo "un muy buen año", lo cierto es que no sólo los números de Ibope preocuparon a los directivos de la emisora sino también el fracaso de las estrategias que se plantearon para darle pelea a los productos de Ideas del Sur que se emitieron y ganaron por la pantalla del 13.
"Consideramos que tuvimos un muy buen 2010", comentó Badía, en un esfuerzo por minimizar la aplastante derrota de Telefé. Y, como si nada, añadió: "Enfrentamos una competencia muy difícil marcada por el excelente año de Marcelo Tinelli. Una diferencia anual de 0,1/0,2 décimas no nos hace pensar que dejamos el liderazgo".
Pablo Sirvén, columnista de espectáculos del diario La Nación, fue contundente al criticar el camino que eligió Telefé para recuperar al público perdido. Ayer mismo, vía Twitter, señaló: "Un día Telefé entenderá que las sucesivas ediciones de «Gran Hermano» fueron la génesis de la pérdida del liderazgo del rating después de 20 años de ganar".
Y no fue casual que dijera lo que dijera y mucho menos cuando lo dijo. Su reflexión surgió justo cuando la web estalló en críticas al reality show que, en su decimoprimera edición, vuelve a conducir Jorge Rial. Internet, que de un tiempo a esta parte se a convertido en una caja de resonancia de los aciertos y errores de la pantalla chica, explotó después de la última gala de eliminación de la "casa más famosa de la televisión".
¿Qué detonó la reacción de los principales de noticias de espectáculos y de sus fieles seguidores? En primer lugar, el tono tremendista con que Rial, un conductor al que el rol de verdugo le encanta, y más, le sienta de maravilla, describió los actos de "vandalismo" que habían hecho los participantes del concurso durante el fin de semana pasado. La arrogancia con que los acusó, sentenció y ejecutó ante las cámaras.
En segundo, la reacción de "los chicos", es decir, los aspirantes a mediáticos que se inscribieron y fueron elegidos por avezados productores de televisión para el programa que, hay que decirlo, de "chicos" no tienen nada. ¿Qué hicieron? Lo correcto, claro, en el marco del "juego" para el que fueron convocados: se sorprendieron, miraron a la cámara con desconcierto y preguntaron qué fue lo que hicieron mal.
Rial, que no es más que la cara visible de la producción de "Gran Hermano", fue el encargado de reprender a los revoltosos, pero fue Gran Hermano, quien les comunicó la sanción. Con voz grave aunque temblorosa, les dijo que se les dio por perdida la prueba semanal y que recibirían sólo la mitad de la comida presupuestada. Y todo por haberse descontrolado en una guerra de almohadas.
"¿Qué quieren, que nos quedemos todo el día sentados tomando mate?", dispararon los participantes, enojados por la decisión de la producción. "Pensamos que la gente se iba a divertir", se excusó otro de "los chicos". Su enojo no hizo más que revelar el dispositivo dramático de "Gran Hermano": los concursantes saben que son espiados por el ojo de la cámara y actúan en concordancia.
La bronca en la casa fue en aumento, al punto que se empezaron a ventilar los trapitos al sol. Se supo que uno de los participantes pidió asistencia psicológica y no se la dieron y que una de las jóvenes, que se lastimó el dedo de un pié, pidió ser examinada por un médico, porque temía haber sufrido una quebradura, y lo único que recibió fue un medicamento para paliar el dolor.
El escándalo, clave del éxito de la televisión actual, rindió. “Gran Hermano”, en su sengunda gala de eliminación, promedió los 21.3 puntos de rating, la mejor medición del ciclo en sus tres semanas en el aire. Se ve que el vandalismo, las sanciones, los enojos y, sobre todo, el gesto adusto de Rial al presentar el programa “garpan”. Como el crimen pero al revés.