"A mí me arruinaron, me robaron la vida". Parada en la puerta de su local de la
galería de Maipú 963, Griselda relataba su dolor de trabajadora. Y en esa síntesis volcaba la
frustración de los orfebres de los siete talleres de reparación de joyería y relojería que ayer a
la madrugada fueron escruchados en un golpe sin mayores antecedentes. Con datos quirúrgicos, los
maleantes llegaron a la galería en la que hay 16 locales y se concentraron en el rubro de los
joyeros. A los que tenían rejas se las cortaron o barretearon. Luego fueron hacia las cajas fuertes
y con un soplete de corte alimentado a acetileno burlaron el blindaje. También se llevaron
herramientas y repuestos de relojería además del efectivo que hallaron.
Es invaluable el monto del golpe ya que en la galería, conocida como "La
cuevita", funcionan en su mayoría talleres de reparación de joyas, alhajas y relojería. En el lugar
también existen locales que se dedican a fabricar sellos o grabados, pero ese rubro a los maleantes
no les interesó. "Acá no te vas a encontrar con talleres en los que pueda haber un kilo de oro. Eso
es imposible. Se trabaja mucha plata y algo de oro. Pero el problema es que nada de lo que se
llevaron es mío. Son trabajos que los clientes te encargan y ahora hay que poner la cara frente a
ellos. Un cliente me llamó y me dijo: «No sé que te mandé en el pedido»", contó Félix, quien hace
siete años que trabaja en el local número 11, uno de los robados.
Siete dramas. Maipú al 900, entre San Luis y Rioja, es una cuadra repleta de
comercios dedicados a la joyería y relojería. El frente del 963 tiene un portón de doble hoja de
chapa color verde con tres cerraduras y dos cerrojos. Desde la vereda se puede ver un local al
fondo. Pero esa es la punta del iceberg. Desde hace más de 40 años, en esa galería se aglutina un
grupo de trabajadores que por un alquiler que va entre los 600 y los 800 pesos tiene sus talleres
de fabricación, reparación y compostura de joyas y relojes. Además hay locales donde realizan su
actividad los grabadores de piezas de metal.
En total son 16 locales a lo largo de un pasillo de dos metros de ancho y techos
altos que, viboreando, llega hasta las entrañas del pulmón de manzana. El pasillo desemboca en una
puerta de madera y vidrio que da a un patio interno, preludio para el último taller. El único
exterior, al que los ladrones no llegaron. "Abrieron la puerta, le ataron una soguita del picaporte
a la cerradura, pero no salieron al patio", contó uno de los trabajadores de la galería.
"La cuevita" no es un lugar reconocido para el público en general. Ahí se
dirigen aquellos que requieren una reparación específica. No tiene alarmas ni cámaras de seguridad
y por su pasillo circula un público determinado por la necesidad. Esta abierto de lunes a viernes
de 8 a 12 y de 15 a 19.30. Los sábados trabaja mediodía. La galería está escoltada sobre Maipú por
un antiguo local de dos plantas que está desocupado y a la venta y por varios locales de joyerías.
Y a su frente tiene un estacionamiento que el miércoles cerró a las 21. "Esta es una galería muy
vieja. Yo estoy desde el año 78. Primero adelante y desde el 82 en este local. Me cortaron la reja
y se llevaron mercadería y herramientas. Realmente, es un milagro que con el soplete no incendiaran
el local. A mí, afortunadamente, no llegaron a romperme la caja fuerte. De lo que estoy seguro es
que han trabajado toda la noche", contó Edgardo, titular del local 13, contiguo al patio interno de
la galería.
Trabajo de precisión. De la mano del relato de los damnificados se pudo
reconstruir que el miércoles, el último trabajador en la galería se marchó a las 22. Y que el
primero que se dio cuenta de lo sucedido arribó a las 6 de la mañana de ayer. Al llegar se topó con
la puerta de la galería abierta. Es que los maleantes habían barreteado el portón verde de doble
hoja primero y una puerta enrejada que da acceso a los locales después. Así siguieron hasta el
final de la galería, donde forzaron la puerta de madera que da al patio. Desde ahí peinaron el
lugar desde atrás hacia adelante. Siempre priorizando el rubro de joyeros y relojeros. Cortaron
cinco rejas con soplete, barretearon otra y forzaron una puerta que no tenía enrejado. En todos los
lugares repitieron una secuencia. Buscaron la caja fuerte y con un sople de corte, alimentado a
acetileno, violentaron los cofres con la precisión del conocedor.
Luego retiraron la mercadería, entre las que había cadenas de oro y plata, dijes
y distintos tipos de alhajas y joyas. Materiales y algunas herramientas, entre ellas algunos
sopletes de joyero, engrosaron el botín. En el caso de Griselda, del local 7, también le robaron 10
mil dólares y 1.100 pesos. "Me dejaron el papelito donde estaba anotada la cifra. Fueron prolijos.
No se llevaron el televisor ni la radio pero reventaron la caja fuerte y me arruinaron", relató la
mujer. "Tenían el dato, sabían que había en los locales, pero sin embargo hicieron cosas de
ratero", contó a su turno uno de los orfebres que pidió mantenerse en el anonimato. "Del local de
Edgardo se llevaron bolsitas con pernos para las mallas de los relojes que salen 1,30 peso cada
uno. A Griselda le robaron el control remoto del aire acondicionado", comentó.
Ariel, el relojero del local 14 que trabaja junto a dos joyeros, no podía creer
su suerte negra. "Hace una semana me escrucharon mi casa en la zona de Rouillón y Mendoza, y ahora
me dan acá", relató. "Estoy arruinado. Decile que llame mañana porque estoy arruinado", le dijo el
muchacho a uno de sus compañeros ante un llamado telefónico. "Se llevaron unos 30 equipos que tenía
para reparar que valen desde 20 pesos hasta... También se llevaron repuestos caros que valen desde
10 dólares para arriba y dejaron una caja llena de relojes a cuarzo. Además me llevaron entre 8 y 9
mil pesos", explicó. "Y a los chicos que trabajan en joyería los limpiaron", agregó. Aturdido por
la bronca, Walter, uno de sus socios, llevó a la rastra unos 30 metros la caja fuerte del local
—que pesaría unos 150 kilos— hasta la vereda para mostrar las huellas del robo.
Las dudas.¿Por qué no robaron todos los locales? ¿Fue sólo una decisión
estratégica, de falta de tiempo o algo falló? Los maleantes movieron un par de tubos de oxígeno de
los locales y, según lo que podía verse en el escenario, es como que se quedaron sin acetileno para
alimentar el soplete con el que destruyeron cinco cajas fuertes. Sólo se salvó la del local 13. Con
resignación, algunos empleados contaban que a partir de una serie de robos en la cuadra y del
asesinato del joyero Guillermo Martigani, ocurrido después del mediodía del jueves 5 de noviembre
pasado en su local de Maipú 1093, hicieron reparar el portón de ingreso a la galería. Y que la
semana pasada pidieron presupuesto a dos empresas de alarmas por lo que el próximo lunes iban a
comenzar a conectarlas en todos los locales. Todo hace presumir que los ladrones se fueron por el
mismo lugar por donde ingresaron: el portón verde de Maipú 963.