En Siria, los chicos suelen divertirse pateando la “kura” para jugar al “kurat alqadam” con sus amigos. En Argentina también: los pibes patean la pelota y juegan al fútbol. Ni los chicos sirios ni los argentinos entienden demasiado por qué hay bombardeos, asesinatos y discriminación contra los pueblos árabes o países europeos. Los sirios viven esa trágica realidad desde años en su territorio. Los de acá la ven por televisión, pero no son indiferentes. Así lo demuestran los que juegan en la escuela formativa del Club Social Argentino Sirio de Rosario. Jugadores de futsal de entre 4 y 14 años que cierran el año deportivo con un torneo interno en el que juegan todos contra todos: participan 350 chicos, integran 50 equipos que a manera de juego visten las camisetas de las selecciones distintos países y todos lucen en el pecho el logo “Por la paz en Siria”.
Los atentados terroristas ocurridos el viernes 13 en París, que dejaron un saldo de 130 víctimas civiles fatales, conmovieron al mundo entero. Con el correr de los días los investigadores sostuvieron que Bélgica y Siria fueron los epicentros donde se concibieron los ataques, constatación que llegó a provocar, miedo, terror y también juicios sociales y generalizaciones cargadas de discriminación en distintas partes del planeta. Ayer, Siria volvió a estar en la noticias internacionales cuando se supo que Turquía había derribado un avión militar ruso que habría violado su espacio aéreo cerca de la frontera con Siria.
En lo futbolístico, el conflicto obligó a suspender varios cotejos (entre ellos los dos partidos amistosos entre Bélgica y España, en Bruselas, y el de Alemania y Holanda, en Hannover). Y a sextuplicar la presencia policial en el último clásico entre Barcelona y Real Madrid (hubo 2.600 agentes entre los de la policía nacional y la privada).
Y en Rosario, muy lejos de toda esa tragedia y conmoción, también se problematiza sobre los atentados, sus causas y consecuencias.
“El gesto pacifista de colocar una leyenda en la camiseta de los jugadores surgió mucho antes de estos bombardeos en Francia; conocemos el sufrimiento del pueblo sirio y nos comprometernos aunque sea mínimamente. Muchos padres nos dijeron que era una buena idea y con los chicos también nos damos a la charla si surgen estos temas que van más allá de lo futbolístico. Siempre decimos que para nosotros el juego de los chicos es una cosa muy grande”, le dijo a Ovación uno de los profesores de la escuela, Hugo Nardone.
A su voz se sumó la de su hermano Marcelo, también profesor del club desde hace 25 años.
“Nos interesa el deporte, pero desde un enfoque inclusivo: el fútbol acá es para todos, cualquiera sea el origen y la capacidad futbolística de los chicos. En esta escuelita la mayoría no es descendiente de la comunidad y eso tiene poca importancia. Hemos hecho talleres con los chicos de Usar (el club de la Unión Sionista): la idea siempre es de unir los grupos, más allá de lo que pase en el mundo“, agregó, quien está a cargo de las divisiones competitivas que participan en el torneo de la Asociación Rosarina (desde los 9 años en adelante). El grupo de los mayores (Sub 16 y Sub 14) viajará el mes próximo a Dubai, donde fueron invitados a competir.
“Tenemos todo listo: ir o no va a depender del devenir de los acontecimientos internacionales, luego lo decidiremos entre todos”, dijo Marcelo Nardone.
El torneo bajo el nombre Copa Argentina (como la que jugaron los equipos de primera profesionales este año) comenzó el 17 de octubre y finalizará el 28 de este mes con una suelta de globos con mensajes por la paz.
“El torneo comenzó hace unos años siendo un encuentro con tablas, goleadores y un equipo campeón. Pero con los años fuimos modificando esa lógica tan competitiva: acá se entrenan mucho, juegan y todos se llevan un trofeo. A no todos los padres les gusta demasiado esta filosofía, pero es la que creemos que más les sirve a los chicos y para ellos trabajamos. El año pasado emulamos al Mundial y el próximo será el Torneo Olímpico, con camisetas y logo: todo un juego”, apuntó Hugo.
Los docentes no descartan que los chicos manden cartas y fotos a Siria, con la idea de recibir las respuestas de sus pares desde Oriente.
“Allá y acá son chicos: ojalá podamos concretar esa idea”, subrayó Nardone.
Descendencia. En el club, la mayoría de los jugadores no es descendiente de sirios, pero en el cuerpo de profesores hay dos que sí lo son: Cristian Halberich, hijo de sirios, y Danis Teruz, nieta de sirios, contaron algo de sus experiencias.
“Visité el país de origen de mi familia en 2008 cuando la convivencia entre musulmanes y cristianos era pacífica. Ahora duele ver que eso cambió por los conflictos internacionales y los ataques terroristas que siembran temor. Más allá de que dentro de nuestra comunidad haya gente a favor y en contra del actual presidente (Bashar al-Asad) a nosotros nos interesa mantener una postura en favor de la paz y esclarecedora: no todo el pueblo árabe es musulmán, si bien en Siria la mayoría lo es, hay una minoría cristiana. Pero además, no todos los musulmanes son terroristas y esto es bueno dejarlo en claro también con los chicos”, dijo Halberich. Y su colega Teruz contó una anécdota que pinta de cuerpo entero algunas temibles confusiones. “Me preguntaron en una escuela donde doy clases: ¿sos de familia árabe...sos terrorista?”. Danis dijo que explicó con paciencia que “no”.






























