En la saga que dejaron tantas películas de ciencia ficción, la Nasa está construyendo también naves similares a platos voladores que le servirán para concretar futuras misiones a Marte.

En la saga que dejaron tantas películas de ciencia ficción, la Nasa está construyendo también naves similares a platos voladores que le servirán para concretar futuras misiones a Marte.
Ayer, la agencia aeroespacial debió abortar un lanzamiento de prueba en el polígono militar en la isla hawaiana de Kauai por fuertes vientos. La Nasa indicó que el clima debe estar "calmo" para que un globo de helio eleve el vehículo en forma de disco sobre el Pacífico, para evitar que ingrese a zonas de vuelo restringido.
La misión es para probar un novedoso vehículo y un enorme paracaídas diseñados para aterrizar equipo pesado en Marte, donde la tenue atmósfera dificulta desacelerar naves espaciales hasta una velocidad segura de aterrizaje. La NASA ha invertido 150 millones de dólares en el proyecto. La agencia estudiará opciones, incluyendo extender el plazo para el lanzamiento.
El prototipo es el llamado Decelerador Supersónico de Baja Densidad. "Después de años de imaginación, ingeniería y duro trabajo, pronto comprobaremos cómo funciona nuestro «keiki o ka Honua», nuestro «chico de la Tierra»", dijo Mark Adler, responsable del proyecto en el Laboratorio de Propulsión a Chorro (JPL). Ya hubo tres intentos de lanzamiento, todos frustados por el viento.
La Nasa se enfrenta en Marte a un mundo donde para aterrizar no bastan cohetes retropropulsores, como en la Luna, ni solo paracaídas, como en la Tierra. La atmósfera es tan tenue que los paracaídas tienen que ser mucho más grandes que en la Tierra y, además, el frenado necesita de la ayuda de retropropulsores. Ese es el escenario en el que la agencia espacial estadounidense quiere que funcione el plato volador de 4,7 metros de diámetro y 3.120 kilos, con un potente motor, un dispositivo inflable de frenado en forma de anillo y un gran paracaídas supersónico.
Cuando el globo que lleva la nave alcance los 37.000 metros, ésta se liberará, se equilibrará gracias a cuatro pequeños cohetes y encenderá su motor principal, que lo impulsará a Mach 4 —cuatro veces la velocidad del sonido— hasta los 55.000 metros. Algo más de un minuto después, se activará el Decelerador Aerodinámico Inflable Supersónico, un dispositivo con forma de rosca que hace que aumente el tamaño del platillo hasta los 6 metros de diámetro, y lo frenará.
La última fase del vuelo estará protagonizada por el paracaídas supersónico más grande jamás probado. Con 30,5 metros de diámetro, más del doble que el usado en el descenso de Curiosity en Marte, frenará la caída de la nave hasta depositarla suavemente en el mar 45 minutos más tarde. Todo el vuelo durará unas tres horas.