Cuando llega fin de año las empresas comienzan a preparar el balance que determinará el estado de sus cuentas y la verdadera situación económica y financiera. El administrador o en su caso el directorio, tendrá que rendir cuentas del estado de la empresa a los accionistas que son los verdaderos propietarios de la misma. Pienso que fin de año es también una época propicia para hacer un balance de nuestra existencia. Quisiera que por un momento pensemos que un día cerrará el balance de nuestras vidas y tendremos que rendir cuentas delante de Dios. ¿Y cómo andan esas cuentas con nuestro creador? La Biblia, que es la única regla de fe en asuntos espirituales, nos muestra la realidad de nuestra situación espiritual y nos dice que todos los seres humanos tenemos un saldo negativo en los libros de Dios. Quizás al leer estas líneas te preguntarás ¿por qué? La respuesta la encontramos en las palabras del apóstol Pablo cuando escribió: "Por cuanto todos pecaron están destituidos de la gloria de Dios", y si hacemos un verdadero balance interior tenemos que reconocer que es así, porque pecado es vivir la vida independiente de Dios, sin hacer su voluntad, sin cumplir sus mandamientos, y esto produce malos pensamientos, mentiras, envidias, odios y podríamos seguir con una larga lista de lo que Dios llama pecado. Ahora bien, el problema es cómo solucionamos este saldo negativo, porque el balance cierra el día que pasemos a la eternidad y si no hemos arreglado nuestra situación en vida nos encontraremos con una bancarrota espiritual, que nos llevará a pasar la eternidad en la condenación eterna. Pero el motivo de esta reflexión es comunicar una buena noticia: hay alguien que pagó por nosotros esa deuda y fue Jesucristo en la cruz del calvario. Dice la Biblia:"El Señor Jesús os dio vida juntamente con Él, perdonándonos todos los pecados, anulando el acta de los decretos que nos era contraria, quitándola del medio y clavándola en la cruz". Justamente, por eso se llama nuestro salvador. También dice la Biblia: "Porque de tal manera amó Dios al mundo, que dio a su hijo unigénito (al Señor Jesús). Para que todo aquel que en él crea no se pierda, más tenga vida eterna. Lo único que nos resta a nosotros es aceptar por la fe el pago que él hizo a nuestro favor y de esa manera nuestras cuentas espirituales quedarán saldadas, y comenzaremos a gozar la paz y felicidad que se experimenta al tener la seguridad de la vida eterna en el cielo para vivir para siempre con Dios. El balance cierra el día que dejemos este mundo, por esta razón es indispensable arreglar hoy las cuentas con Dios, haciendo una oración y diciéndole: "Señor Jesús, hoy te acepto como mi salvador". Dice La Biblia: "Hoy es el día aceptable, hoy es el día de salvación".
































