"El 70 por ciento de los habitantes de Villa Bermejito son originarios. El censo 2010 registró unas 7.600 personas, pero no llegaron a parte del monte, por lo que estimamos que son 9 mil. En Chaco se censaron unos 43 mil tobas-qom, además de wichis y mocovíes. Creemos que deben ser unos 60 mil", dice Rolando Núñez. "Hubo una expulsión masiva y los sacaron no sólo del monte, sino de todo el Chaco, es un proceso de los 80 acentuado en los 90. Más de 30 mil personas dejaron sus territorios", indica el Centro Mandela.
"Algunos intendentes hasta pagaron el boleto de ida y el éxodo abarcó a casi la mitad de los pueblos originarios que habitaron territorio chaqueño", relata Núñez.
"La corriente emigratoria generó conflictos institucionales en el que Binner (intendente de Rosario) y Reutemann (gobernador de Santa Fe) reclamaron a los gobiernos del Chaco," explican.
"Las comunidades que vivían en lugares para la agricultura fueron expulsadas. En Tres Isletas y Castelli no hay más originarios ni propiedad comunitaria. La tierra es esencia del conflicto porque el modelo de concentración de la tierra los expulsa", sostiene.
"El ataque a los originarios en el sur (Patagonia) fue a sangre y en el norte fue a hambre y con la misma ferocidad", admite.
"Comen hidratos de carbono, harina, grasa, azúcar, son los gordos y petisos de la pobreza, están inflados e hipertensos, tienen mal de Chagas, tuberculosis, y suelen padecer desnutrición de primera y segunda generación. Hay anemia, insuficiencias neurológicas o mentales, además son analfabetos funcionales. Algunos tienen pensiones por invalidez, vejez, por ser madres de más de siete hijos, pero están por debajo de la línea de pobreza. No consiguen trabajo en las ciudades y sólo hacen changas", explicó.
"Por otra parte, en las comunidades se generan crisis por cuestiones de internas partidarias y religiosas. En Bermejito hay 70 iglesias evangélicas, algunos pastores son de la comunidad, pero aceptan todo para ganar el cielo".
Núnez sostiene que "se toma a la pobreza como una carretera rápida para llegar al cielo. Aquí, el dueño de la comida maneja todo, perdieron al supermercado que era el monte, allí tenían y resguardaban alimentos, medicina".
Éxodo a Rosario. Se estima que unos 23 mil miembros de las comunidades chaqueñas qom-tobas viven en la periferia de Rosario. "Unas 600 familias forman el barrio Los Pumitas (Empalme Graneros), otras tantas viven en Rouillón al 4400, en Travesía son cerca de 7 mil habitantes, 50 familias en Barrio Industrial, y el resto en Villa Banana y Bella Vista", indica Núñez.
"La transferencia territorial forzosa extermina comunidades, al perder la tierra también pierden la lengua y la cultura. Una hermana nos decía que es difícil pensar en toba, hablar en castellano y vivir en Rosario".
"Allí los chicos no tienen el bosque y salen a las calles a vender artesanías o a mendigar y entonces también conocen la droga", admite Núñez, del Centro Mandela, entidad formada en 1995 desde la experiencia de los 70 y trabajos de base con los pequeños productores rurales y sectores de excluidos.