Hace más de una década, recuerdo que un día de elecciones gubernamentales, un amigo mío, muy formal y responsable, valoraba tanto su voto que eran las seis menos cuarto de la tarde y todavía no se había decidido por quién votar. Razón por la cual fue uno de los últimos sufragantes de aquella jornada. Para que no nos suceda lo mismo a nosotros el domingo venidero, voy a aportar una reflexión de mi fallecido padre, que quizás nos sea útil para ayudarnos a decidir con anticipación y confianza cuál será el candidato de nuestra elección. Decía mi padre: “Los argentinos, vivimos como un hombre que se levantó a las tres de la mañana para ir al baño, que distaba unos veinte metros de su dormitorio, cruzando el patio. Y, a mitad de camino, se encontró con un joven que descolgaba la ropa de la soga, quien muy amablemente le dijo ‘buenas noches’, a lo que el hombre, soñoliento, respondió: ‘hola, ¿qué tal?’ Al amanecer, su esposa, alarmada, le avisó que le habían llevado toda la ropa de la soga”.






























