Una llamada de sus jefes de la estatal del cobre Codelco el 8 de agosto alertó a André Sougarret que al día siguiente debía presentarse en el palacio presidencial de La Moneda, donde lo recibiría el presidente Sebastián Piñera. No imaginó que le encargaría rescatar a 33 mineros atrapados en el fondo de una mina.
“Me dijeron que tenía que venir acá, a la mina. El presidente trató de explicarme el problema”, contó Sougarret y señaló que no comprendió de inmediato la dimensión del que sería su mayor reto profesional y personal: ponerse al frente del rescate de los 33 mineros atrapados a 700 metros de la superficie en la mina San José.
Con su cara de nene, baja estatura y un impecable casco blanco con su nombre escrito al frente, voló a las cuatro de la tarde del lunes a Copiapó y de allí fue la mina San José, 850 kilómetros al norte de Santiago, con miembros de su equipo de trabajo como René Aguilar, con el que ha laborado en Codelco los últimos siete años.
Dijo que al llegar a la mina, donde el jueves 5 habían quedado atrapados los mineros en la desértica región de Atacama, todo era confusión. El rescate concluiría 69 días después del derrumbe y más de mil millones de personas en el orbe lo siguieron en directo por televisión.
Su misión: abrir una vía de escape para los 33, cuya ubicación se desconocía. Además, hasta ese momento no se sabía si estaban vivos.
Como gerente de minería del yacimiento El Teniente, la mayor mina subterránea de cobre del mundo, Sougarret, un ingeniero en minas de 46 años, entró a un enjambre de rescatistas, bomberos, policías, voluntarios y sobre todos familiares en busca de noticias.
El martes 10, Sougarret, ya convertido en jefe del operativo, y Aguilar como su segundo, entraron en camioneta a la mina de más de 800 metros de profundidad, en operaciones desde fines del siglo XIX, pero con sistemas extractivos no planificadas que fueron comiéndose la roca que la sostiene.
El derrumbe se produjo a 355 metros de profundidad y se elevó hasta los 190 metros, tapiando sectores enteros de la rampa de acceso, dijeron los rescatistas.
Sougarret definió tres tipos de sondaje, desde los equipos más rápidos hasta los más lentos pero con mayor precisión, guiados por mapas de la mina.
El 19 de agosto vino la crisis.
El sondaje pasó los 700 metros, “pasó los 710, pasó los 720 y llegamos a los 770 y no encontró nada”. Se había desviado, había pasado muy cerca, pero no por el lugar exacto.
“Después supimos que ellos sintieron el taladro y ahí fue una crisis con las familias, estaban muy molestos porque no habíamos tocado” el punto donde estaban los mineros.
No pararon de trabajar y desde ese jueves hasta el domingo 22 de agosto “la historia es más conocida, rompió la sonda” , cuando el martillo de la máquina llegó a una zona a unos 50 o 60 metros del refugio y los mineros le pegaron un breve mensaje “Estamos bien en el refugio los 33”.
A la semana siguiente rompió otra sonda y una tercera en los días subsiguientes.
Ya el mismo domingo 22 de agosto y con planes de hacer un túnel para llegar a los hombres, arrancaron con el Plan A de rescate al traer la primera de tres perforadoras, de mayor tamaño que las sondas, porque Sougarret dijo que deseaba tener varias alternativas.
Con las primeras sondas aprovecharon para hacer los tubos o “palomas” de envíos a los mineros: la primera para entregarles agua, la segunda para comida, infraestructura de comunicaciones y aunque la tercera la consideraban para enviarles aire, lo solucionaron alternando envíos de agua y aire en la primera sonda.
Con la tercera sonda libre “ya tenía gracia la cosa porque ya había un contacto, habíamos llegado, no teníamos que trabajar con la precisión y la usamos de guía. Después aparece el Plan B” ,o la segunda perforadora para que llegara al taller al cual tenían acceso los mineros por un pasillo de 360 metros desde el refugio.


































